En el territorio de Pulotre, en la costa de Osorno, el conocimiento del telar no se aprende en aulas ni se encuentra en libros. Se hereda entre mujeres, de abuela a madre, de madre a hija, a través de cada gesto que transforma la lana cruda en un tejido que carga identidad, historia y cosmovisión. Ese saber está en riesgo. Y un proyecto financiado por el Fondart Regional 2026 apuesta a que no se pierda.
«Tejiendo la memoria del Ñimin en Kunkomapu» es la iniciativa que durante este año pondrá en valor y difundirá el conocimiento ancestral y la memoria textil del pueblo Mapuche Williche en la comuna de San Juan de la Costa, provincia de Osorno. Financiada por la Convocatoria 2026 de Culturas de los Pueblos Originarios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región de Los Lagos, la propuesta articula la producción de diez microdocumentales, una página web, registro fotográfico y talleres itinerantes en escuelas rurales del territorio. El ciclo cerrará con un lanzamiento en una biblioteca de Osorno, conformando espacios de encuentro y memoria colectiva.
Un saber que se transmite en manos de mujeres
Prosperina Queupuan Cheuquian, quien lidera el proyecto, sitúa el ñimin —el patrón de diseño que habita los tejidos mapuche— en el centro de algo más profundo que una técnica artesanal. «Los pueblos indígenas tenemos un saber ancestral, que se transmite en gran parte por las mujeres. Los conocimientos del telar Mapuche son heredados de generación en generación y esta iniciativa releva el valioso trabajo textil en Pulotre, San Juan de la Costa, donde el 75% de la población es Mapuche», señaló.
Para Queupuan, el telar es un lenguaje que contiene todo: «El proceso del telar siempre ha estado con nosotras, nuestras madres o abuelas nos enseñaron cada paso, desde escarmenar, hilar, torcer y luego todo el conocimiento del ñimin en el telar. Se trata de un conocimiento ancestral, organizacional, político y social, que se ve reflejado en los tejidos».
La urgencia de documentar y traspasar ese conocimiento es la razón de ser del proyecto. «Es importante transmitir este conocimiento porque las nuevas generaciones, en general, no están siendo parte del proceso de tejido. Antiguamente, las infancias éramos parte de todas las etapas, desde la cría y cuidado de las ovejas, hasta el hilado y torcido. Hay todo un trabajo detrás; es un arte que enseña y transmite un profundo conocimiento propio del Pueblo Mapuche», advirtió Queupuan.
Pulotre: donde el textil es parte de la vida y del territorio
Norma Cancino López, integrante fundadora del Centro de Arte Textil Pulofche y tejedora del territorio de Pulotre, entiende el arte textil como una práctica que va mucho más allá del oficio. «En el territorio, el arte textil es parte de nuestra vida diaria, es parte de la relación entre la historia, entre las tejedoras, familias y territorio», explicó.
Cancino subraya el riesgo real de ruptura en la cadena de transmisión: «Dado que el arte textil Mapuche Williche ha estado relegado y se ha perdido el transmitir conocimientos a través de la oralidad, es muy importante recuperar y visibilizar estos procesos, sobre todo para las nuevas generaciones».
El equipo que teje este rescate
La iniciativa es fruto de una colaboración entre las mujeres textileras de Pulotre y un equipo interdisciplinario dedicado a la comunicación y la salvaguarda cultural. Junto a Queupuan Cheuquian, integran el proyecto el investigador y facilitador intercultural Mapuche Miguel Cheuqueman Vargas; el comunicador y montajista Dennys Salazar Ñirril; la periodista Martina Paillacar Mutizábal; y el fotógrafo Mario Mendoza Cabrera.
San Juan de la Costa es una de las comunas con mayor densidad cultural Mapuche Williche de la provincia de Osorno. En las últimas semanas, el municipio también reconoció a cuatro Patrimonios Vivos del territorio en el Día de los Patrimonios, evidenciando un momento activo de revitalización cultural en el Kunkomapu. «Tejiendo la memoria del Ñimin» se inscribe en esa corriente, apostando por los microdocumentales y los talleres en escuelas rurales como el puente más concreto entre la memoria de las tejedoras y el futuro de las infancias del territorio.









