Hay historias que huelen a verano, a mar frío y a pan recién hecho. Este capítulo de “Chicas que laten” es justamente eso: una conversación cargada de nostalgia, risas y memoria, donde Yanita y Carry reviven sus años de mochileras, cuando viajar era simple, espontáneo y sin la constante compañía de un celular.
Desde los primeros minutos, ambas transportan a una época distinta. Veranos largos, pocas preocupaciones y una mochila que lo resolvía casi todo. Yanita recuerda su primer viaje como mochilera a Michael Pué, una aventura marcada por la autogestión y la creatividad: vender ropa para financiar los viajes, moverse con lo justo y disfrutar de la libertad de explorar sin itinerarios ni expectativas ajenas.
Las anécdotas continúan con las escapadas a Niebla y Curiñanco, donde Carry comparte una historia tan divertida como reveladora. En uno de esos viajes, sus padres terminaron encontrándola en Niebla luego de que ella les dijera que iba a otro destino. Más allá del reto familiar, el recuerdo destaca la camaradería y el cuidado mutuo que existía entre amigos, un pacto silencioso de protección que hacía posible esas aventuras.
Michael Pué aparece como un símbolo recurrente. Ambas evocan la mítica “casa de la Ángela”, un refugio sin luz ni agua, donde acampaban, compartían fogatas y aprendían a cuidarse entre todos. No había comodidades, pero sí algo que hoy parece escaso: tiempo, conversación y comunidad.
La conversación también se detiene en sus viajes a Chiloé, especialmente a Cucao, donde recuerdan la “fiesta de la luna” y su entrañable encuentro con el abuelo Peto, un personaje local que les ofrecía pan y empanadas, recordándoles que viajar también es conectar con las personas y las historias del lugar.
Con el paso del tiempo, la vida cambia. Yanita y Carry reflexionan sobre cómo la maternidad transformó su forma de viajar. La mochila liviana dio paso a la planificación detallada, la improvisación fue reemplazada por la seguridad y la comodidad, siempre pensando primero en los hijos. Sin embargo, la esencia sigue intacta.
Carry lo resume al recordar sus veranos en Colaco, un lugar donde el mar y la montaña se encuentran. Esas experiencias de infancia y juventud hoy la inspiran a ofrecer a sus hijos algo similar: contacto con la naturaleza, libertad y recuerdos que perduren más allá de cualquier fotografía.
El capítulo cierra con una invitación abierta a la audiencia: mirar hacia atrás, reconocer cómo esas experiencias moldearon quiénes somos hoy y no perder las ganas de seguir explorando, aunque sea de nuevas formas y en otras etapas de la vida.
? Un episodio que no solo se escucha: se recuerda.









