Científicas chilenas identifican gases del Atacama como pistas de vida en exoplanetas

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Bacterias del Atacama y sus gases metabólicos abren una nueva vía para buscar vida fuera de la Tierra, usando firmas químicas medibles a gran distancia.

El estudio aisló la bacteria Roseovarius sp. en el Salar de Llamara y analizó sus emisiones con espectroscopía Raman e infrarroja, comparándolas con modelos de atmósferas planetarias observables por el Telescopio Espacial James Webb (JWST).

Un estudio liderado por científicas chilenas en el Salar de Llamara, en la Región de Tarapacá, puso el foco en bacterias del desierto de Atacama y en los gases que liberan como una pista concreta para la búsqueda de vida extraterrestre. La investigación plantea que ciertas emisiones metabólicas de microorganismos extremófilos podrían funcionar como modelo para identificar rastros de vida en atmósferas de exoplanetas parecidos a la Tierra primitiva.

La investigación se concentró en la bacteria Roseovarius sp., un microorganismo aislado en un entorno hipersalino del desierto de Atacama. Este tipo de ecosistemas es considerado por la ciencia como un análogo natural de condiciones extremas que habría tenido nuestro planeta en etapas tempranas, por lo que permite ensayar cómo se verían “señales” de vida en escenarios sin los rasgos actuales de la Tierra moderna.

El trabajo fue encabezado por la investigadora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y de la Universidad de Atacama, Valeska Molina. Participaron también la científica de la Universidad de Tarapacá, Bárbara Rojas-Ayala, y la científica de la Universidad de Antofagasta, Cristina Dorador.

El corazón del estudio estuvo en medir qué gases produce esta bacteria y cómo esos compuestos podrían convertirse en firmas químicas “reconocibles” si estuvieran presentes en la atmósfera de un mundo lejano. El énfasis fue puesto en la idea de bioseñales: moléculas que, por su origen biológico, podrían delatar actividad viva a escala planetaria.

Qué midieron en el Salar de Llamara y por qué importa

Mediante espectroscopía Raman e infrarroja, el equipo analizó los gases metabólicos producidos por Roseovarius sp. y se centró especialmente en las emisiones de monóxido de carbono y dióxido de carbono. El objetivo fue establecer firmas químicas únicas que, en teoría, pudieran ser identificables incluso cuando provienen de un planeta entero.

Luego, esas bioseñales se compararon con modelos teóricos de atmósferas planetarias. En términos astrobiológicos, el paso siguiente es evaluar si estas moléculas podrían detectarse a años luz de distancia con instrumentos de observación avanzada, como el Telescopio Espacial James Webb (JWST).

La dimensión territorial también es parte del hallazgo: el desierto de Atacama y salares como Llamara se consolidan como laboratorios naturales en Chile para estudiar vida en condiciones extremas. En esta línea, lo que se aprende en el norte del país alimenta preguntas científicas globales sobre la vida fuera de la Tierra.

Fotosíntesis sin oxígeno y nuevas “huellas” para exoplanetas

El interés en Roseovarius sp. se explica por su antiguo metabolismo basado en el carbono. La científica de la Universidad de Antofagasta, Cristina Dorador, explicó que esta bacteria realiza fotosíntesis anoxigénica, un proceso primitivo en el que no se produce oxígeno, y que antecede evolutivamente a las cianobacterias actuales.

Desde esa perspectiva, la investigación busca ampliar el abanico de señales que se consideran al observar exoplanetas. La científica de la Universidad de Tarapacá, Bárbara Rojas-Ayala, detalló que muchos exoplanetas potencialmente habitables no se parecerían a la Tierra moderna, por lo que comprender biofirmas alternativas resulta crucial: la vida podría modificar el entorno químico de otras maneras distintas a las dominantes hoy en nuestro planeta.

Hacia adelante, el equipo proyecta mejorar los modelos atmosféricos incorporando la interacción entre el planeta y su estrella anfitriona. Una atmósfera irradiada por una estrella como el Sol, plantean, interactúa químicamente de manera muy distinta a la de un mundo que orbita una enana roja, un matiz importante para interpretar observaciones a gran distancia.

Como cierre, las investigadoras realizaron un llamado urgente a preservar los salares extremos del norte de Chile, descritos como ecosistemas gravemente amenazados y, al mismo tiempo, como un patrimonio natural y científico invaluable para comprender la vida en el universo.