Durante cinco días, estudiantes de tercero medio del Colegio San Mateo de Osorno se trasladaron hasta el campamento Esperanza Viva, en el sector Ovejería Alto, para ejecutar mejoras habitacionales en 18 viviendas. La iniciativa, conocida como Semana Solidaria (Semasol), reúne a estudiantes, profesores y funcionarios en trabajos de aislación térmica, forrado interior y reparaciones menores definidas junto a cada familia del lugar.
La actividad se desarrolla entre el lunes 8 y el viernes 12 de junio y tiene como sede a la comunidad encabezada por su presidenta, Sandra Mora. En terreno se organizaron 18 cuadrillas que trabajan en conjunto con los residentes, con el foco puesto en soluciones concretas para enfrentar necesidades cotidianas de las casas: desde mejorar la aislación para el invierno hasta reforzar terminaciones interiores y arreglos puntuales.
La coordinación general está a cargo de Andrea López, mientras que el acompañamiento pastoral lo realiza el capellán del establecimiento, el padre Héctor Guarda. La conducción de las cuadrillas, en tanto, recae en el profesor de historia Bernardo Maldonado. A ellos se suman asesores de cuarto medio, docentes y funcionarios, quienes apoyan la logística y el despliegue diario.
Según se informó desde la organización, los materiales utilizados provienen de una campaña impulsada por el Centro de Alumnos dirigida a toda la enseñanza media, con recolección de fibra de vidrio, planchas de zinc, papel negro y clavos. A esa base se agregaron aportes de empresas colaboradoras: Weitzler, que completa 19 años contribuyendo con planchas de Ecoplac para los forros interiores, y Madexpo, que entregó vigas, planchas y traslapos.
Trabajo en cuadrillas y aprendizaje en terreno
Andrea López, coordinadora de la Semana Solidaria Osorno, subrayó que la experiencia se sostiene por un esfuerzo conjunto. Explicó que la participación no se limita a quienes están en el campamento, ya que también se reorganiza el funcionamiento del colegio para cubrir horas y tareas mientras el grupo se encuentra desplegado en Ovejería Alto.
López relató además un cambio progresivo en los estudiantes a medida que avanzan los días. Describió que, al inicio, algunos jóvenes llegan con resistencia, considerando que la participación es obligatoria, pero que hacia el segundo día “algo cambia”: se integran al trabajo, profundizan sus reflexiones en la capilla y se nota cómo el sello formativo del establecimiento se expresa en su disposición cotidiana.
Esa evolución, dijo, también se hace visible en el modo en que la comunidad recibe al grupo. En un contexto de recursos acotados, el agradecimiento se traduce en gestos simples y directos, como un plato de comida caliente al mediodía o pan recién hecho para quienes trabajan en las viviendas.
La experiencia tiene una trayectoria extensa. Desde el colegio señalan que Semasol cuenta con entre cuatro y cinco décadas de historia, con distintas poblaciones de Osorno como sede a lo largo del tiempo, y que ha sido parte del reconocimiento municipal a la labor social del establecimiento.
La comunidad de Esperanza Viva y el cierre con misa
Desde el campamento, Graciela Ramírez, tesorera del comité de Esperanza Viva, contó que llevan dos años recibiendo al colegio para estas jornadas solidarias. Describió a los vecinos como una comunidad “trabajadora y organizada”, y remarcó que existe cuidado por el espacio donde viven.
Ramírez también puso el acento en lo que implica abrir las casas para este tipo de trabajos. Dijo que, aunque supone compartir espacios íntimos del hogar, las familias lo hacen con disposición porque el trato de los jóvenes vuelve natural ese encuentro. A su juicio, la transformación de los estudiantes es evidente: el primer día llegan sin tener claridad de lo que encontrarán, y al final de la semana “ya son otros”.
Para la dirigenta, el impacto se observa en dos planos. Por un lado, las reparaciones mejoran condiciones materiales de quienes más lo requieren; por otro, la convivencia fortalece vínculos entre estudiantes que comparten el colegio, pero que muchas veces no se conocen en profundidad. Ese mensaje, señaló, es el que busca transmitir a las generaciones que participen en los próximos años: “Que disfruten la semana de lunes a viernes, que disfruten esto, que ellos mismos se conozcan, porque muchas veces están en el colegio pero ni se topan”.
El padre Héctor Guarda, capellán del Colegio San Mateo, planteó que Semasol sintetiza una idea que define el sello del establecimiento: “Entramos para aprender y salimos para servir. Creemos que nadie va a conocer la realidad si es que no la pisa”. En esa línea, explicó que el trabajo en terreno se entiende como una responsabilidad sostenida con la ciudad y una forma concreta de vinculación con la realidad de Osorno.
El cierre de la Semana Solidaria está programado para este viernes 12 de junio con una misa comunitaria en la capilla Ceferino Namuncurá de Ovejería Alto, a las 12:30 horas, encuentro que reunirá a estudiantes, profesores y residentes. “No vamos a cambiar las condiciones de vida, pero sí podemos mejorar la calidad de vida”, resumió Andrea López al proyectar el sentido del trabajo realizado en el campamento Esperanza Viva.









