El Niño ya comenzó y podría ser el más intenso desde 1950: Los Lagos tiene 881 puntos críticos de riesgo

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

La NOAA confirmó el inicio oficial de El Niño y advierte un 63% de probabilidad de que se convierta en uno de los episodios más intensos desde 1950. Para el sur de Chile se proyectan precipitaciones sobre lo normal este invierno, sobre suelos que ya acumulan años de déficit hídrico — una combinación que eleva el riesgo de inundaciones y aluviones.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el pasado jueves 11 de junio que El Niño comenzó oficialmente en el Pacífico ecuatorial. Las temperaturas de la superficie del mar superaron el umbral de 0,5°C sobre la media histórica — el criterio técnico que define el inicio del fenómeno — y los vientos sobre el Pacífico ecuatorial ya cambiaron, señal de que la atmósfera está respondiendo al calentamiento oceánico y no se trata de un calentamiento aislado. Lo que inquieta a los investigadores no es solo que haya comenzado, sino la certeza con que los modelos apuntan a su intensidad.

Un 63% de probabilidad de que sea el peor desde 1950

Según la previsión de junio de la NOAA, existe un 63% de probabilidades de que este episodio sea clasificado como «muy fuerte» entre noviembre y enero de 2027, lo que lo situaría entre los más intensos registrados desde 1950. Para alcanzar esa categoría, las temperaturas del Pacífico deben superar la media en más de 2°C. Algunos modelos de Estados Unidos y Europa van más lejos aún, proyectando anomalías superiores a 3°C para finales de año. Los tres episodios más devastadores de la historia reciente fueron los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 — y este podría sumarse a esa lista.

Hay un agravante que diferencia este episodio de todos los anteriores: ocurre sobre un planeta que ya acumula décadas de calentamiento por emisiones humanas. «El actual fenómeno de El Niño se suma a un calentamiento global considerable», advirtió el profesor Adam Scaife, responsable de predicciones de la Oficina Meteorológica del Reino Unido. «Esto quiere decir que las temperaturas reales en las regiones afectadas podrían alcanzar niveles sin precedentes, ya que el calentamiento provocado por El Niño se ve potenciado por el cambio climático». El año 2024 fue el más cálido registrado, impulsado por un episodio de El Niño que ni siquiera fue especialmente intenso. Y a pesar del efecto enfriador de La Niña que lo siguió, 2025 se ubicó como el tercer año más caliente de la historia, superando incluso al 2016. «En 2027, es probable que observemos un exceso de calor que podría llevar fácilmente a otro año con un aumento de temperatura superior a 1,5°C respecto a los niveles de finales del siglo XIX», proyectó Scaife.

La propia NOAA recomienda cautela frente a la intensidad de las proyecciones: «Incluso los episodios muy fuertes no siempre provocan los efectos previstos en todas partes, aunque los de mayor intensidad sí pueden inclinar más claramente la balanza a favor de los resultados esperados». No todos los organismos han declarado formalmente el inicio del fenómeno: la Oficina de Meteorología de Australia aplica criterios más estrictos y exige que la temperatura supere la media en más de 0,8°C, por lo que por ahora describe al Pacífico tropical como «acercándose a condiciones de El Niño». La Agencia Meteorológica de Japón, en cambio, coincide con la NOAA y señala que es prácticamente seguro que el fenómeno se prolongue hasta el otoño austral.

Qué significa esto para el sur de Chile

Los efectos de El Niño no son iguales en todo el planeta. En el norte de Sudamérica, Indonesia y Australia aumenta el riesgo de sequías e incendios forestales. En el Atlántico tiende a inhibir la formación de huracanes, aunque para Centroamérica eso se traduce en déficit de lluvias que amenaza los cultivos. Para el Cono Sur —sur de Brasil, Uruguay, norte de Argentina y centro-sur de Chile— el patrón histórico es el opuesto: precipitaciones sobre lo normal, con mayor riesgo de inundaciones y crecidas.

Para Los Lagos y Los Ríos esto tiene una lectura específica. La Dirección Meteorológica de Chile proyecta para el trimestre junio-julio-agosto precipitaciones en rango normal a sobre lo normal en ambas regiones. Sin embargo, el sur llega a este invierno con un déficit hídrico acumulado: según la DMC, 2025 fue el año más seco de Osorno desde 1960, con solo 747,8 mm frente a una normal de 1.241,8 mm, y mayo de 2026 fue anómalamente seco para la época. Los suelos compactados por años de escasez absorben menos agua ante lluvias intensas, generando escorrentía superficial rápida que puede derivar en anegamientos y aluviones en zonas de pendiente — incluso con volúmenes de lluvia que en condiciones normales serían manejables.

El Gobierno Regional de Los Lagos ya activó la Operación MOP Invernal 2026 con una inversión de $2.125 millones para conservación de colectores de aguas lluvias en Osorno, Puerto Montt, Puerto Varas y Ancud, tras identificar 881 puntos críticos en la región: 290 en Chiloé, 280 en Llanquihue, 156 en la provincia de Osorno y 153 en Palena. En Los Ríos, el Plan de Invierno 2026 identificó 464 puntos críticos, de los cuales el 49% fue calificado como de riesgo alto o muy alto.

«La declaración de un episodio de El Niño no es un simple pronóstico meteorológico más; para millones de personas, representa una señal de alarma aterradora. Implica lluvias insuficientes, cultivos que se pierden, un aumento en los precios de los alimentos y familias llevadas una vez más al límite», señaló Mohamed Adow, director de Power Shift Africa. En el sur de Chile el riesgo no es la escasez sino el exceso — pero la urgencia de prepararse es la misma.