Claudio «Azteca» Laviñanza: el boxeador osornino que heredó los golpes y no piensa colgar los guantes

En el tercer capítulo de Mirada Sur Deportes, Pablo Cárdenas recibió a uno de los máximos exponentes del boxeo osornino: Claudio «Azteca La Venganza» Laviñanza, un pugilista con dieciséis peleas profesionales, experiencia internacional en Argentina, Brasil y Estados Unidos, y una historia marcada por la tradición familiar sobre el ring. Recién llegado de defender su título de Chile en Valdivia ante Daniel Uribe —un combate polémico que, según él, ganó sobre el cuadrilátero pero perdió en las tarjetas—, Claudio se sentó a conversar sobre el sacrificio detrás de cada pelea, la dura realidad económica del boxeo chileno y la razón profunda que lo mantiene entrenando a las cinco y media de la mañana, con frío y lluvia. Esta es su historia, contada en primera persona.

Claudio, recién vienes saliendo de la defensa de tu título en Valdivia ante Daniel Uribe. ¿Cómo lo viviste?

Fue un peleador bastante bueno. No se me dio el resultado, la verdad. Los que estuvimos ahí me vieron ganar, yo también me vi ganador, pero los jueces son los que deciden y no fue a mi favor. Independiente de eso, vamos a seguir trabajando. Ya tenemos más o menos visto un combate próximo, que sería para fines de agosto lo más probable. Ahí seguimos, trabajando fuerte en el gimnasio.

Partamos por el origen. ¿A qué edad comenzaste con el boxeo? ¿Fue siempre esta disciplina o hubo otros deportes que te llamaban la atención?

La persona que siempre estuvo ahí conmigo, que me inició en el boxeo, fue mi papá. Él fue boxeador, salió campeón de los barrios del Club México. En esos años se hacían campeonatos de barrio. Él también inició a mi hermano Robinson, que fue boxeador profesional, campeón de Chile, campeón latino. Mi papá me empezó a llevar al gimnasio prácticamente a los siete u ocho años. De primera iba a mirar a mi hermano entrenar, porque me daba vergüenza; era pequeño y en esos años no se veía tanto niño chico entrenando. Me gustaban otros deportes, el fútbol, el atletismo, pero me dediqué al boxeo porque en la casa se hablaba de boxeo, y mi papá siempre me vio condiciones. Le decía a mi mamá que yo hacía sombra con hartas condiciones.

¿Y del lado materno? ¿Tus abuelos, tíos, qué te decían?

Los que me incentivaron fueron los que viven conmigo: mi papá, mi mamá y mi hermano Robinson. Por parte de abuelos como que no, porque no les gustaba que me golpearan. Lo encontraban un deporte muy agresivo, más que nada por un tema de salud. No querían que me expusiera. Pero mis papás me apoyaron, a mí me gustaba, y seguí el camino del boxeo nomás. Toda mi familia con la que vivo siempre me ha apoyado, hasta el último combate estuvieron ahí conmigo. Eso es bonito para mí.

Hablemos de tu carrera. ¿Cuántos combates llevas como profesional y qué títulos has obtenido?

Llevo dieciséis peleas profesionales, de las cuales perdí seis y gané el resto. Ha sido una carrera bastante buena. Tengo harta experiencia profesional e internacional: peleé en Brasil, en Sao Paulo; después fui a Miami a pelear con el mexicano Bonilla, diez rounds por dos títulos latinos; y peleé un título latino en Argentina, que sentí que era mío. Pero ir a ganar a Argentina hay que ir prácticamente a noquear. En el ámbito amateur también hice buena carrera: cincuenta y seis combates, de los cuales perdí solamente tres.

¿Quién te entrena hoy y cómo es una semana normal de preparación, considerando que además trabajas?

Cuando no tengo combate, entreno en la tarde: la parte física y luego el boxeo. Pero cuando tengo pelea, mi entrenador Sebastián Uribe me pasa a buscar a las cinco y media de la mañana a mi casa. Hacemos trabajo muscular y aeróbico, después me lleva al trabajo, trabajo todo el día, y en la tarde salgo del trabajo, busco mis cosas y para el gimnasio otra vez. Así todos los días. En preparación los entrenamientos son durísimos; el descanso es primordial para poder rendir.

Cinco y media de la mañana, mucho frío, mucha lluvia. Ahí justo decides si vas a hacer el esfuerzo. ¿Cómo se sostiene esa decisión?

Como en todo combate, yo siempre me subo a dar lo mejor de mí. Me entrego por completo en cada pelea y disfruto el proceso, aunque tenga altos y bajos. Es difícil muchas veces. En esta preparación hubo varias dudas, harto cansancio. Cada pelea la preparación va siendo más fuerte: levantarse temprano, entrenar, trabajar todo el día, la bajada de peso, la deshidratación. No andas al cien todos los días, andas a un cincuenta por ciento, pero ese cincuenta por ciento tengo que darlo. Y para que mis entrenadores me vean bien, porque si me ven con dudas, ellos también se ponen en duda.

Volvamos al combate con Daniel Uribe. ¿Qué pasó realmente con las categorías de peso?

Yo soy campeón supergallo, pero toda mi carrera la hice en supermosca y gallo, en cincuenta y dos, cincuenta y tres kilos. Para esa pelea tuve que subir al supergallo. Ni siquiera llegué a los cincuenta y cinco trescientos: el día anterior di cincuenta y tres ochocientos. Él dio el peso completo y en veinticuatro horas recuperó harto. La diferencia de peso fue harto notable, se notó, y quien vio el combate se dio cuenta. Era complicado llegar donde él, porque tampoco era un peleador malo, por algo era campeón. Sentí que gané el combate. Solo me llegó un gancho al hígado, pero no caí, no me vi mal en ningún momento. Ganó el boxeo esa noche, le dimos un buen combate a la gente. Igual había hartas cosas en contra: los jueces eran de Santiago, así que tenía harto en contra esa noche.

También has combatido fuera de Chile: Ángel Arancibia en Argentina, Andrei Bonilla en Estados Unidos y una experiencia en Brasil. ¿Cómo marcaron tu crecimiento?

El primero fue en Brasil, cuando volví después de casi cuatro años fuera del box. Me tocó un rival dentro de los quince del mundo. A los chilenos nos llaman una semana y media antes, cuando se les cae un evento. Peleamos los diez rounds parejos, pero él sumó un poco más de golpe. Con los Bonilla en Estados Unidos igual: son dos hermanos gemelos entrenados por un ayudante del entrenador del Canelo Álvarez, van invictos rumbo a ser campeones mundiales, ganaban todo por nocaut y conmigo fueron a las tarjetas. Y con Ángel «el Diablito» Arancibia en Mendoza, sentí que habíamos ganado, incluso habíamos celebrado antes. Pero uno no puede hacer nada contra los jueces de allá. Pasa en el fútbol, pasa en el boxeo.

Vamos más allá del ring. ¿Es posible vivir exclusivamente del boxeo en Chile?

Creo que no. Lo hemos intentado y es bastante difícil. Ningún peleador acá vive del boxeo profesionalmente. En la selección puede ser, pero tampoco te alcanza económicamente. Como profesional uno es más independiente, a no ser que tengas muchos patrocinadores aportando mensualmente. Pero hay patrocinadores que para una pelea te apoyan y para la siguiente ya no. Va variando. Al menos yo, que lo he intentado, no se puede.

Desde tu experiencia, ¿qué tipo de apoyo necesita realmente un boxeador?

Normalmente uno necesita recursos, apoyo económico, para invertir en alimentación, en todo. Y en Osorno, el apoyo de la gente siempre es incondicional. A los profesionales, que ahora somos como tres, nos apoyan harto. Últimamente el boxeo se ha viralizado en redes sociales, ha crecido bastante. Hay una persona, Cristian Pérez, que nos está ayudando a armar los eventos, con patrocinadores y difusión. Hay harta difusión ahora, a comparación de lo que había antes.

En toda carrera hay derrotas, lesiones, resultados que no acompañan. ¿Has pensado alguna vez en colgar los guantes?

He tenido lesiones, pero he tenido kinesiólogos apoyándome. Es difícil. Con la bajada de peso la mente empieza a jugar en contra: a una semana de la pelea haces sparring y sientes que chicos que están iniciándose te andan parejos, y ahí empieza la frustración. Cuando pierdes, sobre todo cerca de tu casa, piensas: «ya llevo veinte años en el boxeo, a lo mejor es hora de dedicarme a otra cosa, estudiar, construirme un futuro». Pero eso es cuando termina la pelea, estás derrotado. Al otro día piensas diferente y se da vuelta la página. Estar con la familia te vuelve a llenar de energía. Pasa una semana y ya necesito boxeo otra vez. Es mi día a día desde chico, no puedo dejarlo de momento.

Si una persona nunca ha practicado boxeo, o un papá quiere inscribir a su hijo, ¿por qué recomiendas este deporte?

Porque he escuchado a harta gente que dice que le quita el estrés laboral. Aparte sirve de defensa personal y es un deporte bonito. Ahora en los gimnasios ya no es solo de hombres: hay hartas mujeres entrenando, y también se ven combates femeninos. Creo que va a haber un combate de mujer el diecisiete. Es bonito ver hombres y mujeres entrenando juntos.

Después de tantos años, ¿por qué te sigue apasionando el boxeo?

Porque fue algo que mi papá y mi hermano me heredaron. Y porque siento que mi papá se llena de orgullo cuando me ven subir al ring. Yo peleo por ellos, lo hago para que se sientan bien. Sé que cuando me ven subir se sienten orgullosos de mí. Eso es lo que siempre quiero.

Usemos la imaginación. Si pudieras enfrentar a cualquier boxeador de la historia, ¿a quién elegirías?

Manny Pacquiao. Me crié viéndolo, viendo videos de él. Como él era zurdo, siempre traté de copiar hartas cosas: la variedad de golpes, las combinaciones, el vaivén, la finta para entrar y golpear. Siempre ha sido mi favorito, aparte de otros como Vasyl Lomachenko, un ucraniano bastante bueno que también es zurdo. Pero si se diera, sería Pacquiao.

¿Es Osorno la capital del boxeo a nivel nacional?

Totalmente. Tierra de campeones, siempre. Osorno ha sido de grandes peleadores como Martín Barriga, Ángelo Báez, mi hermano Robinson, y los que vamos saliendo. En los nacionales se deja ver: cuando fui a Arica, le ganamos a Iquique, que también se dicen tierra de campeones. Íbamos a salir campeones hasta por equipos. Siempre llegamos a la final. Tierra de campeones, seguro.

Para cerrar, un mensaje a quienes siguen tu carrera y a los jóvenes que sueñan con subirse a un cuadrilátero.

Agradecido de la gente de Osorno y alrededores, que siempre me apoya, tanto cuando peleamos como por redes sociales. Independiente del resultado de esta última pelea, vamos a volver pronto, ojalá a fines de agosto, y vamos a seguir dándole alegría a la gente, buenos combates. Que la vida sea para rato todavía.

Mirada Sur Deportes se emite los jueves a partir de las 21:00 horas por Radio Musicoop 96.5 FM y a través del canal de YouTube de Mirada Sur TV. Este programa llega a ustedes gracias al auspicio de Nuevos Aires Osorno.

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