Cuando el 11 de abril un ornitólogo neerlandés de 70 años murió a bordo del crucero de expedición MV Hondius mientras navegaba por el Atlántico Sur, pocas personas fuera de los círculos científicos conocían con precisión de qué hablaban las autoridades sanitarias al mencionar la «cepa Andes» del hantavirus. Dos semanas después, con tres muertos confirmados, ocho contagiados, la OMS emitiendo alertas internacionales y el barco varado frente a Cabo Verde sin que ningún puerto quisiera recibirlo, el nombre de esa variante viral se instaló en la agenda global de salud pública.
Lo que para el mundo era novedad, para el sur de Chile es historia conocida. La cepa Andes predomina en Chile y Argentina, y es transmitida por el ratón de cola larga, una especie que habita principalmente en los bosques húmedos del sur de ambos países. Las regiones de Los Lagos y Los Ríos están incluidas entre las nueve zonas del país con casos activos en 2026.
Qué distingue a la cepa Andes de todas las demás variantes
La familia de los hantavirus incluye decenas de variantes distribuidas en distintos continentes. Todas comparten un mecanismo de transmisión primario: el contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados, generalmente a través de la inhalación de partículas virales en el aire. Lo que hace única a la cepa Andes es una característica que ninguna otra variante del mundo ha demostrado de forma documentada.
El virus Andes es el único hantavirus en el que se ha descrito la transmisión de persona a persona. Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología, lo sintetizó así: «Es el único de toda la familia de virus hantavirus que tiene documentado desde hace muchos años, desde Argentina, con transmisión interhumana».
Esa transmisión no es sencilla ni equivalente a la de un virus respiratorio común. Ocurre mediante contacto estrecho y prolongado, especialmente entre personas que conviven en espacios reducidos o comparten habitación. Los antecedentes de transmisión entre personas en la región están asociados a brotes previos en Argentina en 1996 y 2018, y en Chile en 1997, 2004 y 2014, ocurridos en contextos de exposición estrecha en entornos domiciliarios o durante el período inicial de síntomas del caso índice.
A su alta capacidad de contagio entre contactos cercanos, la cepa Andes suma una agresividad clínica superior al promedio. El infectólogo Teijeiro señaló que entre las distintas cepas de hantavirus «hay algunas que son más agresivas que otras», y destacó del virus Andes que «no solo tiene la posibilidad de contagio, es una cepa sumamente agresiva. Estamos hablando de un 30% de mortalidad». En Chile, esa tasa histórica llega al 37% según registros científicos.
El caso que puso a la cepa Andes en el radar global: el crucero MV Hondius
El brote que internacionalizó la alerta comenzó el 1 de abril de 2026, cuando el MV Hondius zarpó desde Ushuaia, Argentina, con 147 personas a bordo. A bordo viajaba Leo Schilperoord, ornitólogo neerlandés de 70 años, que junto a su esposa Mirjam había recorrido Argentina, el sur de Chile y Uruguay durante los cuatro meses previos. Según reconstruyó el Ministerio de Salud argentino, la pareja llegó a Argentina el 27 de noviembre de 2025 y viajó por el país durante 40 días antes de cruzar a Chile el 7 de enero. Luego pasaron por Uruguay y regresaron a Ushuaia el 27 de marzo para embarcar.
El 6 de abril, apenas cinco días después de zarpar, el pasajero presentó fiebre, dolor de cabeza y diarrea leve. Murió el 11 de abril tras desarrollar dificultades respiratorias severas. Su esposa falleció días después en Sudáfrica, mientras intentaba regresar a los Países Bajos.
En un estudio de secuenciación genómica realizado a los pacientes internados en Sudáfrica, las autoridades pudieron identificar que la variante correspondía a la cepa Andes, con presencia en Chubut, Neuquén, Río Negro y el sur de Chile. El 6 de mayo se confirmó oficialmente que la cepa era el virus Andes, la única con antecedentes documentados de transmisión entre personas.
La hipótesis más sólida sobre el origen del contagio apunta a las excursiones de observación de fauna que la pareja realizó en tierra firme durante su recorrido por la Patagonia. La OMS estableció que el contagio del paciente cero probablemente se produjo fuera del barco, vinculado a actividades de expedición en terreno.
Chile en alerta: 39 casos, 13 muertos y una letalidad que aumenta
La situación epidemiológica de Chile en 2026 es más grave que en años anteriores, independientemente del brote del crucero. El país ha confirmado al menos 39 casos y 13 fallecidos en lo que va del año, lo que representa una letalidad del 33%, superior a la de 2025, cuando se registraron 44 casos y 8 muertos con una tasa del 18%.
Los contagios se distribuyen en 9 de las 16 regiones del país, principalmente en la zona central y austral: Metropolitana, O’Higgins, Maule, Ñuble, Bío Bío, La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos y Aysén. La mayoría de los afectados son hombres que realizan actividades rurales y forestales.
El Ministerio de Salud mantiene una alerta sanitaria en todo el país desde enero y señaló que el último caso documentado de contagio entre personas en Chile data de 2019. La mayor letalidad de 2026 podría relacionarse con factores propios de los pacientes y la oportunidad en el diagnóstico, «lo que refuerza la importancia de consultar a tiempo ante cualquier síntoma compatible», indicó la cartera.
El reservorio: el roedor nativo que habita los bosques del sur
El principal transmisor de la cepa Andes es el ratón colilargo, conocido científicamente como Oligoryzomys longicaudatus: un pequeño roedor silvestre de color café claro que vive principalmente en Chile y el sur de Argentina. No se trata de la rata urbana común, sino de una especie nativa de ecosistemas boscosos y húmedos, precisamente los que caracterizan a las regiones del sur de Chile.
André Rubio, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, explicó que «es un roedor nativo y, por ende, está protegido. Cumple sus funciones ecológicas en el ecosistema, ya que dispersa semillas y es el alimento de otros animales». Sus poblaciones fluctúan significativamente según el clima y la disponibilidad de alimento, lo que dificulta estimar el riesgo en períodos específicos.
Sin vacuna ni tratamiento: la detección temprana como única herramienta
Actualmente no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico contra el hantavirus. El manejo clínico se basa en soporte intensivo para las complicaciones cardiorrespiratorias. Un grupo de científicos internacionales de Reino Unido, Sudáfrica y Estados Unidos, liderados por investigadores de la Universidad de Bath, llevan dos años trabajando en el desarrollo de una vacuna, aunque sin resultados clínicos aprobados aún.
Ante ese escenario, la prevención es la única herramienta disponible. Las principales medidas incluyen evitar el contacto con roedores y sus excrementos, ventilar los espacios rurales cerrados antes de ingresar, usar mascarilla al limpiar bodegas o galpones en zonas de riesgo y consultar de forma inmediata ante fiebre, dolor muscular intenso o dificultad respiratoria tras una posible exposición.









