Del cotillón casero al comercio mayorista: la historia de Andrea Jerez y emprender sin perder el origen

Emprender no siempre comienza con un gran plan. A veces parte con una mesa pequeña, productos hechos en casa y una decisión valiente. Así se siente este episodio de “Mujeres que laten”, donde Yasna conversa con Andrea Jerez, emprendedora osornina y dueña del Supermercado del Cotillón y Cotillón BSJ, dos negocios que hoy son referentes locales por sus precios accesibles y su cercanía con la comunidad.

Andrea comparte cómo su camino dio un giro importante cuando decidió dejar su carrera como educadora de párvulos, tras cinco años de ejercicio, para dedicarse de lleno al comercio. La motivación fue clara y profundamente familiar: tener más tiempo para sus hijos y construir un proyecto propio que le permitiera estar presente sin renunciar a crecer.

Los primeros pasos fueron modestos. Comenzó vendiendo cotillón en un pequeño espacio dentro de una tienda de ropa americana. Con trabajo constante y mucha intuición, ese rincón se fue ampliando hasta ocupar todo el local. Con el tiempo, la oferta también creció: no solo cotillón, sino artículos escolares y productos pensados para familias que buscan precios justos.

Uno de los hitos del relato es cuando Andrea explica su modelo de venta al por mayor abierto a todo público. Una decisión estratégica y social al mismo tiempo, que permitió democratizar el acceso a precios competitivos, sin exigir grandes volúmenes ni excluir a pequeños compradores. Un enfoque que hoy distingue a su negocio en Osorno.

El camino, sin embargo, no estuvo libre de obstáculos. Andrea habla con honestidad de las lágrimas, la incertidumbre y las dificultades económicas de los primeros años, cuando los proveedores no confiaban en su emprendimiento por ser pequeño. Persistir fue la clave, incluso cuando el escenario parecía cuesta arriba.

La conversación también aborda el carácter familiar del proyecto. Junto a su marido, Andrea dio un paso más y adquirieron un supermercado en Maicolpué, donde hoy toda la familia participa. Sus hijos también son parte, aprendiendo desde pequeños el valor del trabajo, la responsabilidad y el esfuerzo compartido.

En el plano del liderazgo, Andrea es clara: prefiere trabajar con mujeres. Se define como una empleadora empática, consciente de las realidades de sus colaboradoras, especialmente de las madres. Su estilo se basa en el respeto, la comprensión y la confianza, entendiendo que el bienestar laboral también construye buenos equipos.

Hacia el final del capítulo, Andrea reflexiona sin arrepentimientos. Mira su trayectoria con orgullo y destaca la importancia de no olvidar los orígenes, mantener la humildad y dejar una huella positiva tanto en sus antiguos alumnos como en las mujeres que hoy trabajan con ella.

La conversación se amplía hacia temas sociales, como la importancia de la gratuidad en la educación superior, valorando cómo ha abierto oportunidades para muchos jóvenes, aunque reconociendo que aún existen desafíos en información y acompañamiento.

Andrea cierra con un mensaje simple y poderoso para otras mujeres: atreverse, insistir y no bajar los brazos. Porque con esfuerzo, constancia y convicción, emprender sí es posible.

? Una historia real, desde Osorno, que demuestra que crecer también es mantenerse fiel a quién eres.

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