Rastreo satelital confirma viaje de 2.500 km de ballena a la Antártida

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Ballena jorobada ‘Popa’ sorprendió a científicos tras recorrer más de 2.500 kilómetros desde Chubut hasta la Antártida en dos semanas.

El monitoreo satelital de Fundación Rewilding Argentina sugiere una ruta migratoria más cercana a la costa y activó alertas por la pesca industrial de krill antártico en Islas Orcadas del Sur.

Una ballena jorobada bautizada ‘Popa’ recorrió más de 2.500 kilómetros en apenas dos semanas desde la Patagonia argentina hasta la Antártida, un desplazamiento que abrió la hipótesis de una posible nueva ruta migratoria en el Atlántico Sur. El viaje fue seguido por científicos a través de un dispositivo satelital, y la información aporta claves sobre cómo se conectan zonas de alimentación y migración en un corredor oceánico que también es relevante para el sur de Chile y sus ecosistemas australes.

El registro fue realizado por el equipo de la Fundación Rewilding Argentina, que desde hace cinco temporadas desarrolla un programa de monitoreo de ballenas en la región del Atlántico Sur. Los datos obtenidos en este caso mostraron la emergencia de una posible vía migratoria más cercana a la costa.

‘Popa’ fue marcada el 13 de enero de 2026 en aguas del Parque Provincial Patagonia Azul, en la provincia de Chubut. En ese sector fue observada durante más de un mes en el área y alrededores, hasta que a fines de febrero inició su desplazamiento hacia el sur.

La trayectoria precisa que permitió el dispositivo satelital entregó, además, señales de conducta poco observadas. De acuerdo con el seguimiento, el tramo más intenso se concentró entre fines de febrero y mediados de marzo, cuando el animal mantuvo un avance continuo hacia latitudes antárticas.

Del Parque Patagonia Azul a Islas Orcadas del Sur

«Desde el 24 de febrero hasta el 16 de marzo, la ballena nadó de manera prácticamente ininterrumpida, sin registrar pausas de alimentación, hasta alcanzar las cercanías de las Islas Orcadas del Sur, donde Argentina tiene la base con presencia humana permanente en la Antártida más antigua del mundo. Allí permaneció varios días, antes de continuar su viaje el 28 de marzo hacia la Península Antártica», informó la Fundación Rewilding Argentina.

El seguimiento de ‘Popa’ permitió documentar no solo la velocidad del desplazamiento, sino también patrones de comportamiento poco conocidos. Para los equipos que estudian cetáceos, estos recorridos entregan información de base sobre la forma en que las ballenas usan distintas áreas del océano en tiempos relativamente cortos.

«Este tipo de registros nos ayuda a entender mejor cómo se conectan las áreas de alimentación y migración», señaló Lucas Beltramino, integrante del Proyecto Patagonia Azul de Rewilding. El programa de monitoreo, iniciado en 2021, ya acumula una base de observación relevante: desde su puesta en marcha, el Parque Provincial Patagonia Azul identificó 239 ejemplares de ballena jorobada en la región.

Alerta por krill antártico y pesca industrial

El hallazgo sobre una posible nueva ruta migratoria vino acompañado de una señal de alarma para los investigadores: la zona que la ballena escogió para alimentarse en su primera parada hacia la Antártida, las Islas Orcadas del Sur, es un epicentro de la pesca industrial del crustáceo krill antártico.

«Allí, superarrastreros extraen cientos de miles de toneladas al año, poniendo en riesgo el equilibrio de un ecosistema del que se benefician grandes poblaciones de aves marinas y cetáceos, entre ellas las ballenas jorobadas», advirtió la Fundación Rewilding Argentina. El krill es una pieza central de la cadena alimentaria antártica, y su extracción intensiva se cruza con áreas de uso de fauna marina en momentos clave del ciclo anual.

Para el sur de Chile, y en particular para la Región de Los Lagos, el dato es relevante por la conexión ecológica de los mares australes: los movimientos hacia la Península Antártica y las islas subantárticas se relacionan con la productividad del océano en el extremo sur del continente. En un territorio donde la observación de ballenas, la pesca artesanal y la conservación de corredores marinos son temas de interés ciudadano, este tipo de seguimiento satelital aporta antecedentes sobre la movilidad real de las ballenas jorobadas en el Cono Sur y los puntos donde enfrentan presiones industriales.

El programa que sigue a ‘Popa’ se mantiene como una línea de monitoreo sostenida desde 2021, y el registro de este viaje suma evidencia sobre rutas y áreas de permanencia de la especie en el Atlántico Sur, con especial atención a zonas de alimentación como Islas Orcadas del Sur y al tramo final hacia la Península Antártica.

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