Estudio confirma que incendios forestales disparan el ozono y la mortalidad

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Un estudio advierte que el ozono incendios forestales está revirtiendo avances logrados con el control de emisiones.

La investigación, centrada en Estados Unidos y difundida por el servicio Copernicus, sostiene que el aumento del fuego elevó el ozono a nivel del suelo, deterioró la calidad del aire y sumó riesgos sanitarios, incluso tras años de políticas que habían reducido este contaminante.

Los incendios forestales están elevando los niveles de ozono troposférico —el que se forma cerca del suelo— y están revirtiendo parte de los avances obtenidos con políticas de control de emisiones, según un estudio publicado en la revista Science y difundido por el servicio de monitoreo atmosférico de Copernicus (CAMS), que participó en la investigación.

El trabajo analizó el caso de Estados Unidos y concluyó que, pese a las medidas aplicadas durante décadas para reducir contaminantes asociados al transporte, la industria y la generación eléctrica, la contaminación por ozono volvió a crecer en los últimos años, empujada por el aumento de la actividad de los incendios forestales.

Los autores recuerdan que el ozono cumple un papel clave en la estratosfera al absorber radiación ultravioleta, pero a nivel del suelo es perjudicial. En esa capa baja de la atmósfera puede irritar los pulmones, agravar enfermedades respiratorias como el asma y provocar daños en la vegetación y en los cultivos, efectos que se intensifican cuando las concentraciones superan estándares de calidad del aire.

El estudio describe que Estados Unidos logró una reducción sostenida del ozono entre 2003 y 2015, pero que esa tendencia cambió durante la última década. Según los resultados, el incremento de los incendios contrarrestó los beneficios de las regulaciones ambientales y empujó hacia arriba las mediciones de ozono en superficie.

Del descenso sostenido al repunte asociado al fuego

De acuerdo con el informe, los niveles de ozono en Estados Unidos disminuyeron cerca de 11 % entre 2003 y 2015. Ese descenso se asocia a la implementación y endurecimiento de políticas de calidad del aire, entre ellas la Ley de Aire Limpio, promulgada en la década de 1970, que impulsó controles de emisiones en sectores clave.

Sin embargo, la investigación sostiene que el país ha visto un repunte en la contaminación por ozono durante los últimos años, un giro temporal que coincide con un aumento de la actividad de incendios forestales, especialmente en el oeste de Norteamérica. El estudio cita temporadas de fuego particularmente intensas, como la de 2023, cuando 43 millones de personas adicionales quedaron expuestas a niveles de ozono por encima de los estándares de calidad del aire.

Esa exposición, señalan los investigadores, refleja que el fenómeno no se reduce a las zonas directamente afectadas por las llamas. Parte del problema es que el ozono no siempre se emite de forma directa: se forma en la atmósfera a partir de otros gases liberados, entre ellos compuestos que pueden aumentar masivamente con el humo de los incendios.

El informe plantea que este patrón complica los esfuerzos tradicionales de “control de emisiones”, porque incluso con mejoras sostenidas en fuentes urbanas o industriales, los episodios de alta contaminación pueden dispararse cuando se combinan grandes incendios, condiciones meteorológicas y reacciones químicas en la atmósfera.

Impacto sanitario y contaminación que viaja cientos de kilómetros

La investigación también relaciona el alza del ozono asociado a incendios con un aumento de las muertes prematuras. Según el estudio, desde 2013 las muertes vinculadas a la contaminación por ozono han crecido en más de 300 fallecimientos anuales.

Los autores sostienen que este dato subraya el rol de los incendios forestales como un factor determinante en la contaminación atmosférica, incluso en escenarios donde las emisiones procedentes del transporte, la industria y la generación de energía han disminuido. En otras palabras, el “ozono incendios forestales” se ha transformado en una variable crítica para entender por qué las mejoras normativas no siempre se traducen en aire más limpio durante toda la temporada.

El estudio remarca además que el impacto del fuego trasciende la escala local. Los incendios liberan grandes cantidades de gases que pueden desplazarse cientos o incluso miles de kilómetros antes de favorecer la formación de ozono, lo que dificulta el control de la contaminación por la vía de medidas únicamente focalizadas en el lugar del incendio.

En ese sentido, la investigación advierte que el problema puede adquirir dimensión regional e incluso continental, porque las columnas de humo elevan la concentración de partículas y contribuyen al incremento del ozono en áreas alejadas del foco. CAMS, al difundir el estudio, apuntó a la complejidad de estos procesos y al desafío que representan para cumplir estándares de calidad del aire.

El reporte concluye que, mientras el cambio climático intensifique las temporadas de incendios, también crecerá su impacto en la composición atmosférica, abriendo nuevos desafíos para la salud pública, la protección de ecosistemas y el cumplimiento de metas de calidad del aire. Por ahora, el estado de la evidencia presentado en Science identifica a los incendios como un factor capaz de revertir tendencias positivas que se habían consolidado con décadas de regulación de emisiones.

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