Los koalas, ícono de Australia, están bajando de los árboles en Sídney y otras zonas del país para beber de aspersores, piscinas e incluso botellas de agua ofrecidas por vecinos, un comportamiento inusual que científicos vinculan a las olas de calor extremas y a un escenario de presión creciente sobre la especie, declarada “en peligro” por el Gobierno australiano en 2022. La escena, que se repite en áreas rurales y periurbanas, abrió una pregunta clave: cuánta agua necesitan realmente estos marsupiales cuando el calor se intensifica.
“Los agricultores nos decían que los koalas tienen sed, pero la ciencia nos decía exactamente lo contrario”, relató la investigadora de la Universidad de Sídney, Valentina Mella, especializada en comportamiento animal. Durante años, la literatura científica sostuvo que los koalas obtenían toda el agua necesaria de las hojas de eucalipto que consumen, pero esa certeza comenzó a tambalear con el aumento de eventos extremos.
La Oficina de Meteorología de Australia reporta que el país se ha calentado alrededor de 1,5 grados desde 1910, con olas de calor más frecuentes, largas e intensas. A ese escenario se suma la destrucción del hábitat, la expansión de carreteras, los ataques de perros y enfermedades como la clamidia, una bacteria que provoca infertilidad y ceguera en los koalas.
Para el sur de Chile y, en particular, para la Región de Los Lagos, la evidencia australiana vuelve a poner sobre la mesa un tema de gestión ambiental que también cruza a comunidades y territorios: cómo el calor extremo y la disponibilidad de agua modifican el comportamiento de la fauna silvestre. En Los Lagos, donde conviven áreas rurales, humedales, bosques nativos y centros urbanos, el estrés hídrico y las altas temperaturas se han instalado en la conversación pública por su relación con ecosistemas y actividades locales.
Gunnedah: de “capital mundial del koala” a una caída drástica
Mella lleva más de una década estudiando koalas en Gunnedah, localidad rural del estado de Nueva Gales del Sur proclamada en 2006 como “capital mundial del koala” porque su población crecía mientras otras disminuían. Sin embargo, en 2009 una ola de calor marcó un punto de inflexión: “Se estima que murió alrededor del 25 % de la población durante ese evento”, explicó.
Luego vino el aumento de la clamidia y el desplome demográfico. Para 2023, el 75 % de las hembras eran infértiles y hoy apenas quedan tres koalas en la zona. Fue en ese escenario donde la investigadora inició pruebas centradas en el rol del agua.
“Veíamos koalas sentados sobre aspersores o bebiendo de bebederos para pájaros. Los habitantes locales insistían en que el agua era clave para su supervivencia”, relató. Junto a un agricultor, instaló estaciones de agua y cámaras para registrar el comportamiento: “Y sí, beben. No solo cuando hace mucho calor, beben todo el tiempo”, afirmó.
Los registros también muestran estrategias de adaptación frente al calor extremo. En los días más sofocantes, los koalas abrazan los troncos de los árboles para bajar su temperatura corporal, buscan sombra más densa e intentan encontrar fuentes de agua. “Pueden llegar a soportar temperaturas corporales cercanas a los 41 grados. Eso es enorme para un mamífero”, sostuvo Mella.
Genómica, carreteras y un hospital que atiende mil animales al año
En paralelo, otros equipos investigan si el koala cuenta con diversidad genética suficiente para resistir el futuro. La genetista de la Universidad de Sídney, Carolyn Hogg, dirige uno de los proyectos genómicos más ambiciosos sobre la especie: su equipo ya secuenció más de 800 genomas completos procedentes de 78 lugares de Australia.
“Las carreteras y el desarrollo urbano están fragmentando las poblaciones”, explicó Hogg. Uno de los principales focos de preocupación está en la costa este, donde la Pacific Highway —la gran autopista que conecta Sídney con Brisbane— se convirtió en una barrera: “Los koalas intentan cruzarla y ahí es donde vemos muchas muertes por atropello”, señaló. Los científicos advierten que algunas poblaciones urbanas estarían quedando aisladas en pequeñas “islas” de árboles, lo que reduce diversidad genética y capacidad de adaptación ante enfermedades o cambios ambientales.
La presión por el atropello, la deshidratación y las mordeduras de perros también llega a los centros de rehabilitación. En el Hospital de Salud y Conservación de Fauna Salvaje de la Universidad de Sídney, inaugurado en 2023, veterinarios y estudiantes atienden más de mil animales al año, de los cuales alrededor del 40 % son koalas. Su directora, Annabelle Olsson, explicó que cada ejemplar recibe radiografías completas, ecografías y pruebas de clamidia antes de ser liberado: “Muchas veces intentan aparentar que están bien aunque tengan fracturas graves”.
Las estimaciones sobre la población varían según el método, pero el Programa Nacional de Monitoreo del Koala la sitúa entre 398.000 y 569.000 ejemplares en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana. En ese marco, los investigadores sostienen que aún hay margen de conservación si se protege el hábitat y se garantiza acceso a agua durante las olas de calor, un aprendizaje que también resuena en territorios del sur de Chile donde el clima extremo obliga a repensar medidas de apoyo a la fauna y manejo de ecosistemas.









