Informe en Los Lagos: 51% de mujeres en edad laboral queda fuera del trabajo

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Un informe del Departamento de Economía y Negocios de la Universidad de Los Lagos volvió a poner sobre la mesa la brecha de género en el mercado laboral regional: más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar está fuera de la fuerza laboral, mientras persisten diferencias en participación, ingresos e informalidad.

Los datos, basados en ENE y ESI, muestran además que la inserción femenina se concentra en comercio y que casi un tercio de las ocupadas trabaja sin contrato ni protección previsional.

La desigualdad de género en el empleo sigue marcando la realidad de la Región de Los Lagos. Un informe elaborado por el Departamento de Economía y Negocios de la Universidad de Los Lagos cuantificó una brecha persistente en participación laboral, sueldos e informalidad, con efectos directos en ingresos familiares, acceso a seguridad social y autonomía económica.

El dato más duro del estudio es que el 51% de las mujeres en edad de trabajar se mantiene fuera de la fuerza laboral activa. Esta inactividad se asocia a factores estructurales como jubilación, estudios y responsabilidades familiares de cuidado permanente, una combinación que termina condicionando la trayectoria laboral de miles de personas en la zona.

Los registros históricos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) revisados para el periodo 2019-2024 muestran que la participación laboral femenina se mantuvo sistemáticamente bajo el 50%. En 2024, la tasa llegó a 47,8%, muy por debajo del 67,5% observado en los hombres, una distancia que se traduce en menor acceso al empleo y también en menor acumulación de cotizaciones y protección social.

El mercado laboral regional contabiliza 175.320 mujeres ocupadas, con una tasa de desocupación de 6,7%. Sin embargo, la inserción no siempre significa empleo protegido: el 29,2% de las trabajadoras —51.169 personas— se desempeña en condiciones de informalidad, sin contrato legal ni cobertura asociada a salud y previsión, lo que aumenta la vulnerabilidad ante enfermedades, accidentes o períodos sin ingresos.

A esta radiografía se suma la diferencia salarial. Según la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI), durante 2024 las trabajadoras percibieron un ingreso de $689.916, frente a $755.708 de los hombres. El informe consolida una brecha salarial promedio de 15% para el quinquenio analizado, un indicador que impacta en la capacidad de ahorro, el acceso a vivienda y el costo de enfrentar emergencias familiares.

Brecha salarial e informalidad

La combinación entre menor participación y salarios más bajos amplifica las diferencias en la vida cotidiana. En una región donde el empleo se distribuye entre actividades urbanas y rurales, y donde los traslados suelen ser largos, los ingresos determinan la posibilidad de sostener cuidados, transporte y continuidad educativa de hijos e hijas, además de asegurar redes de apoyo cuando falta empleo.

La informalidad, en particular, empuja a muchas mujeres a una relación más frágil con el mercado laboral: menos acceso a licencias, a cotizaciones y a mecanismos de protección ante despidos o baja de actividad. En términos territoriales, esto también puede afectar la estabilidad de comunas y barrios que dependen de ingresos regulares para el comercio local y los servicios.

Dónde trabajan y quiénes son

El informe describe que la fuerza de trabajo femenina ocupada se concentra principalmente en el comercio, que reúne el 19,6% del empleo femenino regional. Luego aparecen sectores como industrias manufactureras, educación y salud, áreas clave para el funcionamiento de ciudades y localidades, donde la demanda de servicios suele crecer de la mano del turismo, la estacionalidad y el dinamismo urbano.

Otro dato relevante es el nivel de preparación: ocho de cada diez trabajadoras en la región cuentan con educación media completa o formación técnica superior. Aun así, esa calificación convive con menores niveles de participación y con una brecha salarial sostenida, lo que refuerza la necesidad de que el acceso al empleo de calidad no dependa únicamente del esfuerzo individual, sino también de condiciones habilitantes como servicios de cuidado y empleos formales.

El perfil promedio de la trabajadora en Los Lagos, según las cifras recabadas, es de 42,7 años, con 13 años de escolaridad regular, y una jornada habitual de 37,3 horas semanales. En la práctica, estos indicadores dibujan un grupo laboralmente activo, con experiencia y formación, pero enfrentado a barreras que limitan su inserción plena.

El diagnóstico planteado por el informe instala implicancias inmediatas para la región: reducir informalidad y brechas de participación tiene efectos en recaudación por cotizaciones, seguridad social y en el consumo local. En adelante, el desafío será traducir esta evidencia en medidas concretas que mejoren la incorporación y permanencia de mujeres en empleos formales, con condiciones que permitan compatibilizar trabajo y cuidados, y con mayor equidad en ingresos.

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