A cinco años de la entrada en vigencia de la Ley N° 21.202, el Ministerio del Medio Ambiente abrió un proceso de actualización de la guía humedales urbanos, el documento técnico que orienta cómo identificar, delimitar y sustentar la declaración de estos ecosistemas en ciudades y centros poblados. La revisión apunta a consolidar aprendizajes acumulados en la implementación de la norma y, al mismo tiempo, ordenar la información que los distintos actores pueden aportar para fortalecer expedientes y decisiones.
La Ley 21.202 estableció un marco específico para reconocer humedales urbanos y promover su protección frente a intervenciones que puedan degradarlos. En esa ruta, la guía metodológica se transformó en una herramienta clave para estandarizar criterios técnicos, mejorar la calidad de los antecedentes y reducir brechas entre lo que observan las comunidades en el territorio y lo que se requiere para respaldar una declaración.
Desde el Ministerio del Medio Ambiente han planteado que la actualización busca recoger la experiencia territorial reunida durante estos años de aplicación de la ley. Ese trabajo, sostienen, permite incorporar ajustes metodológicos, ordenar el tipo de antecedentes que resultan más útiles y facilitar que la discusión pública se base en información verificable sobre el funcionamiento ecológico del humedal y su relación con el entorno urbano.
Uno de los focos del proceso es clarificar qué información técnica puede levantar la ciudadanía y cómo presentarla de manera que sea útil para el análisis. La autoridad ha recalcado que los aportes comunitarios no se limitan a opiniones generales, sino que pueden incluir antecedentes concretos sobre la presencia de agua, la vegetación típica, la fauna asociada, la conectividad del ecosistema y los cambios observados en el tiempo.
Qué tipo de antecedentes técnicos puede levantar la ciudadanía
En la práctica, la información más valiosa es la que aporta evidencia y trazabilidad. Esto incluye registros fotográficos y audiovisuales con fecha y ubicación clara; descripciones del estado del suelo y la vegetación; y observaciones sostenidas en el tiempo sobre dinámicas como inundaciones estacionales, escurrimientos, niveles de saturación del terreno o permanencia de cuerpos de agua. Cuando estos antecedentes se documentan de forma ordenada, permiten reforzar la caracterización del humedal y su delimitación.
Otro ámbito relevante es la información espacial. La ciudadanía puede aportar croquis, mapas comunitarios y referencias de terreno que ayuden a identificar zonas de transición entre áreas húmedas y sectores más secos, además de rutas de escorrentía o conexiones con esteros, ríos, lagunas u otros cuerpos de agua cercanos. Este tipo de insumos, cuando se construye con datos consistentes, puede complementar el trabajo técnico y ayudar a revisar límites propuestos.
También se considera útil la identificación de componentes de biodiversidad propios del hábitat. Registros de aves, anfibios, insectos y vegetación hidrófila, junto con descripciones del sitio donde se observaron, permiten sustentar la condición de humedal urbano. En este punto, el ministerio ha enfatizado la importancia de incorporar evidencia verificable y, cuando sea posible, usar nomenclatura común y referencias básicas que faciliten la revisión.
La guía, además, aborda la necesidad de describir presiones y amenazas desde el territorio. Observaciones sobre rellenos, drenajes, cambios de uso de suelo, obras que alteren el flujo de agua o acumulación de residuos pueden aportar contexto para entender el grado de intervención y los riesgos para las funciones ecosistémicas. En esos casos, el valor del antecedente aumenta cuando se acompaña de fechas, ubicación precisa y comparación temporal.
Un documento clave para orientar declaraciones y protección
La actualización de la guía humedales urbanos busca estandarizar cómo se presentan y evalúan antecedentes, de modo que las solicitudes y revisiones se basen en criterios consistentes. En la implementación de la Ley 21.202, la calidad de la información y su correcta sistematización han sido determinantes para sostener la discusión técnica sobre delimitación, atributos ecológicos y relación con el entorno urbano.
Desde la perspectiva del ministerio, la guía no solo cumple una función procedimental. También es una herramienta de educación ambiental aplicada, porque traduce a un lenguaje operativo conceptos como hidrología, vegetación de humedal, suelos saturados y zonas de amortiguación, ayudando a que comunidades y organizaciones comprendan qué observar, cómo registrarlo y qué elementos resultan más determinantes.
En ese sentido, la incorporación de aprendizajes acumulados en los últimos cinco años apunta a reducir incertidumbres y a mejorar la coordinación entre actores. Cuando las comunidades cuentan con una pauta clara para reunir evidencia, se facilita el diálogo con equipos técnicos, municipios y organismos públicos, y se disminuye el espacio para disputas basadas en percepciones no verificables.
El proceso de actualización, en definitiva, busca fortalecer la base técnica con la que se toman decisiones sobre estos ecosistemas, incorporando experiencia territorial y promoviendo que la participación ciudadana se traduzca en antecedentes concretos. Con una guía más clara y actualizada, el ministerio espera consolidar un estándar que permita sostener, con mejor información, la identificación, delimitación y resguardo de humedales urbanos en el país.









