Melania Varas y Waste Sur: cuando una bolsa plástica se convierte en material, diseño e industria

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

En Entre Lagos, donde el ritmo es más lento y las cosas suelen durar, Melania Varas empezó tejiendo gorros para sumar ingresos mientras estudiaba Contabilidad. Pero había algo que le hacía ruido: la cantidad de residuos que veía en lo cotidiano. Bolsas plásticas por todas partes, basureros cubiertos con plástico, empaques que se usan una vez y desaparecen. En vez de acostumbrarse, decidió investigar. Pasó por el trapillo, probó con textiles reutilizados y siguió buscando una forma real de convertir ese residuo en algo útil.

El giro llegó cuando encontró una técnica que casi nadie explicaba y que parecía más un secreto que un tutorial: la termofusión. Mucho antes de que su producto se viera “profesional”, hubo meses de ensayo, errores, máquinas que fallaban y material que se rompía. En 2023 nació Waste Sur y, tras casi un año y medio de pruebas, Melania logró lo que buscaba: un “cuero” hecho de bolsas plásticas, resistente, impermeable y reutilizable. Hoy trabaja con empresas, colegios y familias, transformando un desecho masivo en productos funcionales y regalos corporativos con identidad circular.


Melania, partamos por tu historia. ¿Cómo nace Waste Sur?

Yo soy de Entre Lagos. Partí con un emprendimiento de tejidos: gorritos y cosas sencillas, para hacer ingresos extra mientras estudiaba, porque soy contadora de profesión. Pero siempre quería hacer algo más. Empecé a conocer lo sustentable, hice productos con trapillo, incluso fabriqué mi propio trapillo reutilizando poleras. Aun así sentía que faltaba algo.

En el pueblo veía muchos negocios con los basureros tapados con bolsas plásticas. Probé tejer con bolsa plástica, pero era muy limitado. Buscando en redes sociales encontré la técnica de termofusión. No empecé sola: éramos varias. Nos enganchó y comenzamos a crear lo que hoy es Waste Sur.


¿Qué es exactamente lo que produces a partir de las bolsas plásticas?

Con bolsas plásticas y termofusión creamos un “cuero plástico” que hoy llamamos cuero Wastech. Con ese material hacemos productos funcionales como estuches, portadas de agenda y bolsos. La idea es darles una segunda vida: en vez de que terminen degradándose por cientos de años y transformándose en microplásticos, preferimos convertirlas en algo útil y duradero.


Eso calza perfecto con economía circular. ¿Se puede reutilizar el mismo material más de una vez?

Sí. De hecho, si el cliente nos devuelve el producto, podemos volver a transformarlo en otro. Es una segunda, tercera o cuarta vida, dependiendo de lo que resista el plástico.


¿Cómo es el proceso? ¿Se “teje” o es otra técnica?

No se teje. La termofusión es aplicar calor a las bolsas para que queden como un paño, como una tela. Se trabaja con cierta temperatura y depende del tipo y cantidad de bolsas. Partimos haciendo paños pequeños, de 20 x 30 cm. Hoy el máximo que hacemos es de 80 x 60 cm. Más adelante queremos hacerlo en formato rollo, más masivo, y ojalá que otras personas también puedan crear productos con este material porque es muy resistente e impermeable.


¿Por qué tu camino siempre va hacia reutilizar y trabajar con residuos?

Tiene que ver con crianza. Mi mamá siempre ha sido emprendedora y trabaja lana natural de oveja. Yo veía cómo en el campo a veces queman material, y ella lo reutilizaba. Eso me marcó.

Además, viví un par de años en Santiago y ahí se ve mucha basura, especialmente en ferias enormes. Eso me hizo obsesionarme con reducir residuos en la casa y buscar formas de reutilizar. Llegar a termofusión no fue fácil: fue prueba y error por mucho tiempo.


¿Cómo descubriste la termofusión si no hay tanta información disponible?

Fue casualidad en Instagram. Vi una empresa peruana que se llama Fusión, de Paula Tamayo. Hacía productos hermosos con “cuero plástico”. Me obsesioné mirando todo, pero no había información práctica. Solo decía “termofusión”.

Busqué por Instagram, Facebook, después YouTube. Encontré cosas caseras, tipo talleres con plancha pequeña. Con las chicas decidimos ir más allá: comprar una máquina más grande y probar materiales: papel mantequilla, papel diamante, temperaturas… y así, con ensayo y error.


¿Cuánto tiempo tomó llegar al material “ideal” con el que trabajas hoy?

Waste Sur nace en julio de 2023 y recién en noviembre de 2024 llegué al cuero plástico con el estándar que buscaba: sin porosidad, liso, con apariencia más profesional. Antes pasaba de todo: a veces quedaba muy grueso y se rompían agujas, otras quedaba muy delgado y se cortaba fácil. Para llegar a lo resistente como hoy, fue un proceso largo.


¿Sirven todas las bolsas o hay algunas que no se pueden usar?

No sirven todas. Hay siete tipos de plástico. Nosotros trabajamos principalmente con el tipo 2 y tipo 4. Muchas bolsas domiciliarias son tipo 4: arroz, azúcar, sal, detergente, comida de mascota, pellet. Las tipo 5, como algunas bolsas de fideos, se rompen distinto y al darles calor se arrugan. Se nota la diferencia cuando las estiras: la tipo 4 se estira más.


En términos de impacto, ¿cuánto plástico reutilizas al mes?

Aproximadamente 25 kilos mensuales. Puede sonar poco, pero en volumen es muchísimo porque la bolsa plástica no pesa nada. Es una cantidad enorme de bolsas que podrían terminar en vertederos o en el entorno natural.


¿Qué productos son los que más desarrollas con este material?

Hacemos varios, hoy tenemos cerca de 20 productos. Los que más nos piden son tarjeteros, también llaveros. Estamos sacando estuches para lentes (más rígidos), libretas, neceser, estuches y otros accesorios.


¿A quién le vendes principalmente: personas o empresas?

Nuestro enfoque principal son empresas (pequeñas, medianas o grandes). La idea es incentivarlas a reciclar sus bolsas y, con ese mismo residuo, producir artículos con su logo: regalos corporativos sustentables que además generan conciencia.

Pero también compran personas naturales y colegios. Hay colegios que compran estuches para regalarlos a estudiantes como herramienta educativa.


Si una empresa quiere hacer este modelo contigo, ¿cómo funciona?

Nos contactan por Instagram, correo o WhatsApp. Coordinamos retiro o entrega del material y definimos productos con logo y diseño.


¿Qué desafíos ves hoy en la cultura del reciclaje en Chile?

Falta educación y hábito de separación. Nosotros aportamos creando conciencia: mostrar que una bolsa plástica puede convertirse en un producto útil, bonito y resistente. También incentivamos a separar otros residuos: vidrio, PET, etc.

Los colegios son clave, porque los niños empujan el cambio en la casa. Cuando ven que una bolsa se convirtió en un estuche, se motivan y le dicen a sus papás que junten bolsas y las entreguen. En Entre Lagos ya tengo familias que todos los meses me entregan sus bolsas, y antes no lo hacían.


¿Las familias también pueden entregarte bolsas?

Sí, totalmente. Nosotros felices. Que una familia nos entregue bolsas significa que vamos avanzando en educación ambiental.


¿Tienes un producto “regalón”?

El estuche de lentes, porque me costó muchísimo lograrlo. El plástico es flexible, entonces al principio se aplastaba. Hoy es rígido, mantiene forma y por dentro lleva una tela para que no se rayen los lentes. Para mí era una meta pendiente.


En tu proceso, quedaste sola en un momento. ¿Cómo fue esa decisión de seguir?

Partí con otras personas. Después algunas se retiraron por temas personales. En un momento quedé sola y no había ventas, además tenía que seguir experimentando. Me pregunté si seguir o no, pero estaba convencida de que esto era fascinante y distinto, sobre todo en el sur. Seguí con prueba y error hasta lograr el material que quería, y desde ahí empezó a funcionar.


¿Qué rol jugaron cursos o redes en tu aprendizaje?

Fue clave. Yo no manejaba conceptos como economía circular o sustentabilidad al inicio. Lo aprendí en el proceso. En la provincia de Osorno no encontraba cursos, así que empecé a viajar a Puerto Varas, donde hay más movimiento en estos temas. Hice un curso de ecodiseño con Fundación Eurochile que me ayudó muchísimo. También fui a charlas, recorrí varios lugares e incluso llegué a Santiago en su momento.


¿Cómo diste a conocer la marca?

Partí en ferias en Entre Lagos, con la Agrupación Emprendedoras de Puyehue y después en Osorno, Puerto Varas. A la gente le llamaba la atención porque no creían que era bolsa plástica, entonces había que mostrar el material y explicar.

Un punto clave fue llegar a la ETM en Santiago gracias al ecosistema Los Lagos. Ahí me conocieron personas de la región y, al volver, comenzaron contactos para productos corporativos.


Para cerrar: ¿qué mensaje le darías a mujeres que quieren emprender con impacto en economía circular desde el sur?

Que va a costar muchísimo, y en economía circular cuesta el doble, porque todavía hay gente que cree que “reciclado” vale menos. Pero hay que darle valor al producto, sostener el proceso y no abandonar. A mí me tomó casi dos años que la marca fuera más conocida. Hay que seguir.

Y yo todavía estoy a mitad de camino: quiero crear nuevas líneas, seguir mejorando y también formar a mujeres dueñas de casa para que trabajen este material y generar trabajo con esto.