El aumento de la temperatura del océano está elevando el riesgo para grandes peces oceánicos como el atún, el tiburón peregrino y el tiburón blanco, especies mesotérmicas que enfrentan una demanda energética alta para adaptarse a un mar cada vez más cálido. La advertencia surge de una investigación publicada por la revista Science, que describe un “creciente riesgo de sobrecalentamiento” en estos animales.
El trabajo contó con la participación del investigador de la Universidad de Granada (UGR) Ignacio Peralta Maraver. El estudio analizó cómo el tamaño corporal, la estrategia térmica de cada especie y el calentamiento global determinan su distribución actual y su vulnerabilidad futura.
Los autores plantean que entender estos mecanismos fisiológicos es clave para anticipar qué especies serán más vulnerables al calentamiento oceánico. Ese diagnóstico, señalan, es relevante para diseñar estrategias de conservación orientadas a reducir riesgos de colapso poblacional frente al calentamiento global.
La investigación también aporta claves para interpretar extinciones ocurridas hace millones de años. En particular, propone una explicación fisiológica para el destino de gigantes del pasado, conectando las necesidades energéticas y la dificultad para disipar calor con cambios en las condiciones del océano.
Mesotermos y ectotermos: por qué el tamaño importa
El estudio diferencia dos grandes grupos de peces según su capacidad para regular el calor corporal. Por un lado, los ectotermos estrictos, cuya temperatura corporal depende directamente de la del agua, y por otro, los mesotermos, que generan y retienen parte de su calor interno.
En ese segundo grupo están algunas de las especies más conocidas y de mayor tamaño. Según el trabajo, los mesotermos requieren mucha más energía que los ectotermos de tamaño similar y, además, disipan el calor con gran dificultad, una combinación que se vuelve más exigente en un océano que se calienta.
A partir de ese marco, los autores describen un desajuste metabólico asociado al aumento de tamaño: a medida que los peces mesotermos crecen, generan calor más rápido de lo que pueden perderlo. Ese desequilibrio eleva el riesgo de sobrecalentamiento, una presión adicional a la ya alta demanda energética.
Una técnica para estimar metabolismo y anticipar vulnerabilidad
El equipo responsable desarrolló y validó una técnica innovadora para estimar la demanda metabólica de una amplia variedad de peces óseos y cartilaginosos a partir de su tamaño corporal y su estrategia térmica. El avance resulta especialmente relevante porque permite estudiar especies cuya tasa metabólica era prácticamente imposible de medir de forma directa en laboratorio.
Gracias a estas estimaciones, el estudio explica por qué, en los océanos actuales, muchas de estas especies se concentran en aguas frías, altas latitudes o zonas profundas: condiciones que ayudan a compensar su elevada demanda energética y el riesgo creciente asociado a disipar calor. En el sur de Chile y la Región de Los Lagos, donde dominan sistemas de aguas frías y profundas, este patrón descrito por la investigación ayuda a contextualizar por qué la conservación y el seguimiento de grandes peces oceánicos se vuelve un tema especialmente sensible para ecosistemas marinos del extremo sur.
En su mirada de largo plazo, los autores sugieren que gigantes como el megalodón pudieron extinguirse al quedar atrapados en una combinación letal: una altísima necesidad de energía, una escasa capacidad para disipar el calor y el cambio en las condiciones del océano. Con ese antecedente, el estudio plantea que identificar con precisión qué especies serán más vulnerables al calentamiento oceánico es un paso central para orientar estrategias de conservación basadas en mecanismos fisiológicos.









