El viernes 1 de mayo, el Ministerio de Bienes Nacionales confirmó la salida de Diego Muñoz Urbina, seremi de la región de Tarapacá. Muñoz había sido designado el 27 de marzo e inició funciones el 30 del mismo mes, alcanzando así 33 días en el cargo. Con su salida, el gobierno del presidente José Antonio Kast acumula 19 secretarios regionales ministeriales que no completaron ni siquiera el primer tramo de su gestión desde el 11 de marzo, fecha de inicio del mandato. Son 52 días de gobierno. La cifra no tiene parangón en la historia reciente del país. A modo de comparación, el gobierno de Gabriel Boric solo acumuló 5 renuncias de seremis en la misma cantidad de días. Eso es casi cuatro veces menos.
Cuotas políticas por encima del rigor técnico
Para entender por qué ocurre esto con tal magnitud, hay que comprender cómo funciona el sistema de designación. Chile tiene 307 secretarías regionales ministeriales distribuidas en 16 regiones y 24 carteras sectoriales. Los seremis son cargos de exclusiva confianza del Presidente de la República, lo que significa que son nombrados discrecionalmente por el Ejecutivo, generalmente como cuotas de representación de los partidos de la coalición de gobierno. No existe concurso ni mérito formal que los seleccione, aunque sí hay requisitos legales mínimos de titulación y experiencia que en este caso reiteradamente no se verificaron antes del nombramiento.
Para la selección de los seremis, el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, creó un equipo encargado de negociar los nombres con los partidos y verificar los antecedentes de los candidatos. A cargo de las conversaciones con el oficialismo estuvo el abogado republicano Ignacio Dülger, mientras que del chequeo de antecedentes se encargó el ingeniero comercial Víctor Valdés. Ese equipo revisó, según trascendidos, más de 600 postulantes por semana. Aun así, el resultado fue una seguidilla de nombramientos que no superaron el escrutinio público ni las exigencias legales básicas.
Los casos más insólitos: cuando la realidad supera la ficción
Entre los 19 casos acumulados, algunos son simplemente difíciles de explicar en términos de gestión pública responsable.
El más llamativo es el del actor de teleseries Renato Munster, designado seremi de Culturas, Artes y Patrimonio de la Región Metropolitana. Munster renunció por «motivos personales y urgentes» luego de que se viralizaran publicaciones en su cuenta de X, datadas en 2017, donde acusaba a Kast de «fanatismo extremo» y de pertenecer a «una derecha extrema muy lejos de la realidad del país». Había llegado al cargo para reemplazar a Gustavo Baehr, quien apenas dos semanas antes había renunciado por falta de experiencia en el ámbito cultural. La misma seremía, dos nombramientos fallidos en menos de un mes.
Aún más llamativo es el caso de Patrick Dungan, seremi de Energía de La Araucanía. Desde el 13 de abril, Dungan se ausentó de su oficina sin entregar justificaciones oficiales. La delegación presidencial intentó contactarlo, pero no contestó el teléfono. El Ministerio de Energía no tuvo otra opción que retirar el decreto de nombramiento desde la Contraloría General de la República. Un seremi que literalmente desapareció.
En Valparaíso, Aldo Ibani alcanzó a estar apenas tres días como seremi de Salud. Su designación generó cuestionamientos por la presunta venta de productos falsificados, según denuncias difundidas en redes sociales apenas se anunció su nombramiento. La misma región perdió simultáneamente a su seremi del Trabajo, Carlos Montero, que duró cerca de una semana. El gobernador Rodrigo Mundaca fue directo: «La renuncia del seremi del Trabajo da cuenta de la desprolijidad que ha tenido la instalación del gabinete regional. Hoy día no tenemos seremi de Trabajo ni de Salud… una decepción».
En Biobío, Alexander Nanjarí fue anunciado como seremi de Educación. Poco más de 24 horas después todo se deshizo por antiguos posteos en redes sociales donde escribía frases como «10 años de diferencia es un problema?», «10 años no son nada» y «mucho mejor si es más joven».
El sur también tiene su cuota: Los Lagos y Los Ríos en la lista
La crisis no es ajena a las regiones que cubre MiradaSur. En Los Lagos cayeron dos nombramientos en menos de dos semanas. Jorge Ravelo Fuentes fue designado seremi de Energía pero su nombramiento fue revocado de inmediato: no cumplía con el requisito técnico de contar con estudios superiores de al menos diez semestres. Días antes, Patricia Dinamarca había sido anunciada como seremi de Educación de la misma región, pero su nombramiento nunca se oficializó con decreto. Trascendieron antiguas publicaciones en redes sociales donde apoyaba las manifestaciones del estallido social.
En Los Ríos, el caso es aún más llamativo por su dimensión local. Jorge Salazar fue anunciado como seremi de Obras Públicas, pero su nombramiento fue dejado sin efecto por cuestionamientos a irregularidades durante su gestión como presidente de Deportes Valdivia entre 2019 y 2022. La comunidad valdiviana lo conocía. La delegación presidencial no hizo la verificación básica antes de anunciarlo.
Qué hace un seremi y por qué cada vacante es un problema real
Un secretario regional ministerial es la máxima autoridad sectorial del gobierno central en una región. Es quien ejecuta la política pública de su cartera en el territorio, coordina con los servicios públicos dependientes, gestiona presupuestos regionales, firma convenios, preside consejos técnicos y es el interlocutor directo entre los ciudadanos de una región y el ministerio correspondiente. Un seremi de Salud, por ejemplo, supervisa la red hospitalaria regional. Uno de Obras Públicas administra las inversiones en infraestructura vial, hídrica y portuaria. Uno de Trabajo recibe las denuncias laborales y activa los mecanismos de fiscalización.
Cuando estos cargos quedan vacantes, no solo se detiene la agenda local: se genera una sensación de intermitencia en carteras clave para el desarrollo regional, postergando licitaciones, planes de salud y políticas laborales que las comunidades esperan con urgencia. En regiones como Los Lagos y Los Ríos, donde la inversión pública en infraestructura, salud y medioambiente es estructuralmente insuficiente respecto a su población y extensión territorial, cada semana sin seremi titular es una semana de parálisis administrativa real.
¿Fenómeno exclusivo de Kast o un problema sistémico?
Sería deshonesto afirmar que este problema no ha ocurrido antes. Situaciones de renuncias exprés y falta de prolijidad en los filtros han ocurrido en los gobiernos de Boric, Piñera y Bachelet. La instalación del poder regional es, históricamente, el flanco más expuesto de cualquier administración, donde la presión del tiempo y las negociaciones partidarias suelen colisionar con el rigor administrativo.
Sin embargo, la escala es inédita. En 35 días, el gobierno de Kast acumulaba ya 15 seremis que no asumieron o renunciaron, mientras que Boric solo llegó a 5 en el mismo período. La diferencia no es menor: es casi el triple. Y la cifra siguió creciendo hasta llegar a 19 al cierre de esta edición, con el gobierno apenas comenzando su segundo mes.
El patrón es claro: la urgencia por cerrar cuotas políticas entre los partidos de la coalición —Republicanos, UDI, RN, Partido Social Cristiano, Evópoli y Demócratas— terminó subordinando la verificación de requisitos legales básicos. El resultado es un mapa de Chile con regiones que han operado durante semanas sin titular en carteras esenciales. Las regiones, una vez más, pagando el costo de las urgencias de Santiago.









