Un operativo de alta complejidad encabezado por el equipo USAR de Bomberos de Chile permitió rescatar con vida a Hernán Gil, un vigilante de 43 años que permaneció cerca de ocho días sepultado bajo 140 toneladas de escombros en Catia La Mar, estado La Guaira, Venezuela. La emergencia se produjo tras el colapso estructural ocasionado por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que afectaron al país caribeño, en una zona donde el riesgo de nuevos derrumbes se mantuvo activo durante toda la maniobra.
El rescate se concretó luego de más de 70 horas de labores ininterrumpidas en la denominada “zona cero”, con especialistas realizando búsqueda técnica, evaluación de estabilidad y acceso seguro a la cavidad donde se encontraba atrapada la víctima. De acuerdo con los antecedentes del operativo, uno de los aspectos decisivos fue sostener el soporte vital del sobreviviente mientras se avanzaba en la apertura controlada de paso entre los restos de la estructura.
En paralelo a la remoción y corte de material, los equipos desplegados ejecutaron medidas para mantener a Hernán Gil con vida durante el encierro. Entre ellas se consignó el suministro continuo de aire y la hidratación invasiva mediante sondas especializadas, procedimientos orientados a evitar la descompensación del paciente en un entorno confinado y con limitaciones de acceso.
La operación se desarrolló bajo condiciones de elevada exigencia, tanto por la densidad del material colapsado como por la necesidad de trabajar con precisión para no comprometer la integridad del sobreviviente ni del personal de rescate. En publicaciones difundidas en redes sociales, el caso fue descrito como un “milagro” por el tiempo que la víctima logró resistir bajo los escombros.
Coordinación internacional en la “zona cero”
El despliegue en Catia La Mar se llevó adelante con coordinación internacional y presencia de equipos de distintos países. En el lugar trabajaron brigadas de rescate provenientes de México, Costa Rica, Portugal y El Salvador, que se integraron al esquema de búsqueda y salvamento urbano en el área más afectada por los sismos.
La articulación entre grupos permitió sostener turnos y tareas simultáneas, combinando evaluación de riesgos, monitoreo de la estructura y avances progresivos hacia el punto donde se encontraba el sobreviviente. En este tipo de escenarios, cada intervención se planifica para evitar vibraciones o desplazamientos que puedan detonar un colapso secundario, lo que obliga a trabajar en secuencias de baja velocidad y alta precisión.
En el caso de este rescate, además de la búsqueda y el acceso, se reportó que los rescatistas debieron mantener una estrategia de soporte vital continuo, uno de los factores que suele definir el desenlace cuando una persona permanece atrapada por periodos prolongados. El trabajo conjunto también consideró la gestión de la escena, delimitación de áreas y control de ingreso a sectores inestables.
Apuntalamiento y control del riesgo de derrumbe
Uno de los ejes del procedimiento fue la estabilización y apuntalamiento técnico de las estructuras colapsadas, debido a la amenaza de nuevos desprendimientos. La intervención requirió mitigar riesgos para permitir el avance de los rescatistas hacia el espacio confinado donde se encontraba Hernán Gil, sin provocar movimientos bruscos del material.
El rescate Bomberos Chile se sostuvo, en ese sentido, en la aplicación de estándares propios de operaciones USAR: aseguramiento del entorno, control de cargas, creación de accesos y remoción selectiva de escombros, junto con la coordinación sanitaria necesaria para el momento de la extracción. A ese trabajo se sumó el monitoreo permanente del estado del sobreviviente, considerando el desgaste y las condiciones ambientales dentro del sector colapsado.
Tras la extracción, el operativo fue destacado como una demostración del nivel técnico y de la capacidad operativa de equipos chilenos en misiones humanitarias fuera del país. En Venezuela, la emergencia por los sismos mantuvo activos a distintos contingentes de búsqueda y rescate, con múltiples frentes de trabajo en áreas dañadas, mientras avanzaba la atención de personas afectadas y la evaluación de infraestructura.
El procedimiento finalizó con el sobreviviente ya fuera del área de colapso y con la operación cerrada tras más de 70 horas de trabajo continuo en el punto crítico. El caso se convirtió en uno de los rescates más comentados de la emergencia por la magnitud del encierro —cerca de ocho días— y por las condiciones extremas en que se ejecutó la maniobra.









