Carlos Guarda: “La economía circular llegó para quedarse”

El especialista en energía solar analizó los desafíos de la economía circular, su relación con el cambio climático y las oportunidades que abre para la productividad, la innovación y el desarrollo del sur de Chile.

La economía circular se ha instalado con fuerza en el debate público, en los programas de financiamiento y en las estrategias de desarrollo regional. El concepto aparece cada vez con más frecuencia en concursos, políticas públicas y conversaciones sobre innovación, pero todavía no siempre resulta fácil de explicar en términos concretos.

En entrevista con Mirada Sur TV, el especialista en energía solar Carlos Guarda abordó el sentido profundo de este paradigma productivo y planteó que su valor no está solo en el cuidado ambiental, sino también en su capacidad para mejorar la eficiencia, reducir costos y abrir nuevas oportunidades económicas para territorios como la Región de Los Ríos y la Región de Los Lagos.

Un cambio en la lógica de producción

¿Qué es, en simple, la economía circular?

Se trata de un modelo que busca romper con la lógica tradicional de producir, usar y desechar. En su lugar, propone extender la vida útil de los productos, reutilizar materiales, reparar equipos y reincorporar residuos al sistema productivo como nuevos insumos.

La idea central es mantener los recursos circulando el mayor tiempo posible dentro de la economía. Lo que antes terminaba como basura o desecho puede convertirse en materia prima para nuevos procesos, generando valor donde antes solo había pérdida.

Guarda explicó que ahí la innovación cumple un rol clave, porque permite transformar residuos en recursos productivos y dar un uso más eficiente a materiales que antes terminaban en rellenos sanitarios o cadenas de descarte sin valorización.

Reparar o reemplazar: el dilema cotidiano

Si una persona debe elegir entre reparar una lavadora o comprar una nueva, ¿qué diría la economía circular?

La respuesta no es tan simple como optar siempre por reparar. Desde una mirada más profunda, la economía circular comienza incluso antes del consumo, en el diseño mismo del producto. Lo ideal, planteó el especialista, es que los bienes ya estén fabricados con materiales reutilizados, reciclables o recuperados desde otras industrias.

En ese punto aparece un concepto relevante: la llamada minería inversa. Se trata de recuperar materiales valiosos, como cobre u otros componentes, desde aparatos electrónicos y electrodomésticos en desuso, evitando volver a extraerlos directamente desde la naturaleza.

Así, una radio antigua, un televisor de tubo o un electrodoméstico fuera de uso pueden convertirse en fuente de materiales para fabricar nuevos productos. Esa lógica permite avanzar hacia una circularidad más robusta desde el origen.

Sin embargo, una vez que el producto ya está en uso, aparece un problema frecuente: muchas veces reparar resulta más caro que reemplazar. Ese incentivo económico, explicó Guarda, sigue siendo una de las principales trabas del sistema. Aun así, si el producto que sale de uso entra luego a procesos de valorización, desmantelamiento o reciclaje, la lógica circular no se pierde por completo.

Oficios que vuelven a cobrar sentido

¿La economía circular también puede revalorizar oficios tradicionales?

Uno de los ejemplos más cercanos es el del zapatero. Para Guarda, ese oficio representa de forma muy clara la lógica de la economía circular, porque prolonga la vida útil de un producto, evita su desecho prematuro y genera además una solución económicamente razonable para las familias.

El caso también permite aterrizar el concepto a la vida cotidiana. Muchas veces la economía circular se presenta como una discusión técnica, asociada a procesos industriales complejos o a disciplinas como la ingeniería ambiental, la energía o la gestión de residuos. Pero en prácticas tan simples como reparar un calzado, reutilizar una prenda o extender la duración de un bien ya existe una expresión concreta de este paradigma.

A eso se suma un efecto social relevante: la recuperación de oficios que en muchas ciudades han ido desapareciendo, pese a seguir siendo necesarios.

Cambio climático y presión sobre los recursos

¿Qué relación tiene la economía circular con el cambio climático?

Durante la conversación, Carlos Guarda sostuvo que el cambio climático es un fenómeno real y que sus efectos ya son visibles tanto en los ecosistemas como en la economía. La reducción de precipitaciones, la presión sobre las fuentes de agua y la pérdida de biodiversidad son parte de un escenario que ya no puede leerse solo desde la teoría.

En ese contexto, la economía circular aparece como una herramienta que permite reducir parte de la presión que ejercen los sistemas productivos sobre el territorio, especialmente en ámbitos intensivos en uso de agua, energía y recursos naturales.

A juicio del especialista, el problema no es únicamente ambiental. También es productivo y económico. Cuando se seca una cuenca, disminuye el agua disponible o se alteran las condiciones climáticas, los sectores que dependen de esos recursos se ven directamente afectados.

El costo oculto de contaminar

¿Producir sin conciencia ambiental sigue siendo más barato?

Guarda planteó que esa idea ha perdido sustento con el tiempo. Durante décadas predominó una lógica donde las empresas internalizaban beneficios y externalizaban costos al medio ambiente o a la sociedad. Sin embargo, esa ecuación termina impactando en otros ámbitos del mismo sistema económico.

La contaminación del agua, del aire o de los ecosistemas no desaparece por ignorarla. Tarde o temprano genera efectos sobre la salud, sobre otros sectores productivos, sobre la disponibilidad de recursos y sobre la sostenibilidad general de la economía.

Por eso, la economía circular no debe entenderse solo como una posición ética o ambiental, sino también como una forma de reducir ineficiencias, prevenir pérdidas y sostener competitividad en el tiempo.

Mercados que exigen nuevas reglas

¿Qué rol juegan los consumidores y los mercados internacionales?

Uno de los puntos más claros de la entrevista fue que la transición hacia una economía más circular no depende únicamente de la voluntad de las empresas o de las políticas públicas. También responde a exigencias concretas de los mercados.

Chile exporta una parte importante de su producción y muchos destinos internacionales piden cada vez más trazabilidad, medición de huella hídrica, huella energética y estándares ambientales.

Eso significa que, incluso en sectores donde la preocupación local puede parecer insuficiente, las empresas deben adaptarse si quieren mantenerse competitivas. El mercado, en ese sentido, no solo castiga malas prácticas, sino que empuja transformaciones productivas.

Un cambio que no parece reversible

¿La economía circular llegó para quedarse?

La respuesta fue categórica. Para Carlos Guarda, este paradigma no solo tiene futuro, sino que ya está instalado como parte de una transformación más profunda.

A su juicio, la economía circular combina eficiencia, innovación, ahorro de recursos y una mejor relación entre producción y territorio. También permite trabajar dimensiones cada vez más relevantes para las organizaciones, como la reputación, la sostenibilidad y la adaptación a consumidores más informados.

El especialista planteó que los cambios culturales son lentos, pero que una vez que se consolidan resulta muy difícil volver completamente atrás. En ese sentido, sostuvo que la economía circular no debe leerse como una moda pasajera, sino como una evolución de largo plazo en la manera de producir, consumir y pensar el desarrollo.

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