La contaminación por cocaína en el agua está mostrando efectos medibles en peces en condiciones reales: un estudio realizado durante ocho semanas en el lago Vättern (Suiza) con 105 salmones del Atlántico juveniles confirmó alteraciones en su movimiento, especialmente en ejemplares expuestos a benzoilecgonina, el principal metabolito de esa droga que se detecta con frecuencia en aguas residuales.
La investigación, encabezada por la Universidad Griffith (Australia) y publicada en Current Biology, se enfocó en observar qué ocurre fuera del laboratorio. Trabajos anteriores ya habían mostrado que la cocaína podía afectar el comportamiento animal, pero con experimentos controlados y en ambientes artificiales.
Para entender cómo la exposición influía en el desplazamiento de los peces, el equipo utilizó implantes químicos de liberación lenta y un sistema de seguimiento por telemetría acústica, con el fin de monitorizar el movimiento de los salmones en el lago.
En el diseño del estudio, los peces se dividieron en tres grupos: uno de control, otro expuesto a la cocaína y un tercero expuesto a la benzoilecgonina. Ese metabolito es el que se detecta habitualmente en las aguas residuales, donde llega a los cursos de agua principalmente a través de sistemas de tratamiento que no fueron diseñados para eliminar por completo estos compuestos.
Benzoilecgonina: más nado semanal y mayor dispersión
Los resultados mostraron una diferencia clara en el patrón de movimiento. Los peces expuestos a la benzoilecgonina nadaban hasta 1,9 veces más lejos por semana que los no expuestos, y se dispersaban hasta 12,3 kilómetros más lejos por todo el lago.
La investigación también constató que los cambios se hicieron más pronunciados con el tiempo. Ese patrón, según el estudio, apunta a una alteración en la forma en que los peces utilizaban el espacio dentro de un ecosistema natural complejo.
Otro hallazgo relevante es que la benzoilecgonina tuvo un efecto más marcado sobre el movimiento de los peces que la cocaína. Ese punto es clave para cómo se evalúan los riesgos ambientales, porque las evaluaciones suelen centrarse en el compuesto original, pese a que los metabolitos son más comunes en las vías fluviales.
Sin riesgo por consumo de pescado y por qué importa en Los Lagos
El equipo investigador subrayó que los hallazgos no revelan riesgo para las personas que consumen pescado. Explicaron que los niveles de exposición reflejaban los ya encontrados en vías fluviales contaminadas, que los compuestos se descomponen con el tiempo y que los peces estudiados eran juveniles, muy por debajo del tamaño mínimo de captura legal.
“La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la fauna silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas de origen humano a diario”, declaró Marcus Michelangeli, de la Universidad Griffith y uno de los firmantes del artículo.
El trabajo pone el foco en un mecanismo ambiental que también es relevante para el sur de Chile y la Región de Los Lagos, donde ríos, lagos y estuarios conviven con centros urbanos y descargas de sistemas de aguas servidas. El estudio remarca que la presencia de cocaína y metabolitos se detecta cada vez con mayor frecuencia en ríos y lagos del mundo, y que estos compuestos llegan a las vías fluviales principalmente a través de sistemas de tratamiento que no eliminan completamente estas sustancias.
Los investigadores añadieron que alterar el movimiento de los peces puede tener efectos importantes porque el desplazamiento define qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones. Michelangeli sostuvo que, si la contaminación está alterando estos patrones, “podría afectar a los ecosistemas de formas que apenas estamos empezando a comprender”. Como siguiente paso, el equipo planteó investigaciones futuras para determinar el alcance de estos efectos, identificar qué especies corren mayor riesgo y comprobar si los cambios de movimiento se traducen en variaciones en supervivencia y reproducción.









