Liberación récord de la IEA impulsa rebote del petróleo

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) acordó liberar 400 millones de barriles desde reservas estratégicas, una medida histórica que buscaba aliviar la presión en el mercado. Sin embargo, el precio del Brent reaccionó al alza, con un salto cercano al 10% y valores próximos a los 100 dólares por barril.

El repunte ocurre en medio del conflicto Israel-EE. UU e Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y ataques a infraestructura petrolera en la región, factores que han tensionado la oferta global.

La decisión de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) de liberar 400 millones de barriles de petróleo desde sus reservas estratégicas no tuvo el efecto calmante que se esperaba en los mercados. Lejos de contener la escalada, el precio del Brent registró una nueva subida cercana al 10%, acercándose a los 100 dólares por barril.

El movimiento consolida una tendencia alcista que se venía instalando desde comienzos de marzo y que, en perspectiva, marca un salto brusco: hace tres meses, en diciembre de 2025, el barril Brent se transaba sobre los 60 dólares. En ese periodo, el incremento acumulado ronda el 70%.

En los mercados energéticos, el alza se asocia al deterioro del escenario geopolítico en Medio Oriente. El conflicto bélico entre Israel-EE. UU e Irán ha inyectado volatilidad en los precios, especialmente tras el reinicio de operaciones bursátiles y energéticas posterior al inicio de los ataques.

El 2 de marzo fue el primer día de cotización tras esos hechos y, en los 12 primeros días del mes, el Brent pasó desde 73 dólares (al cierre del viernes 27 de febrero) a 99 dólares al mediodía del jueves 12. En ese tramo, el petróleo incluso alcanzó un пик de casi 110 dólares el día 8, reflejando el nivel de nerviosismo por el riesgo de interrupciones de suministro.

Ormuz y la presión sobre la oferta

Entre los factores que empujan los precios aparece el cierre del estrecho de Ormuz y una seguidilla de ataques a infraestructuras petroleras de países de la región, además de agresiones contra buques petroleros que permanecen en la zona. El estrecho se ha transformado en un punto geopolítico especialmente sensible por su papel en el comercio global de crudo.

La relevancia de Ormuz es directa: por ese corredor marítimo pasa en torno al 35% del petróleo comercializado por vía marítima. Su destino principal es Asia-Pacífico, con China, India y Japón entre los mayores receptores. En la práctica, cualquier interrupción prolongada puede tensionar no solo los precios del crudo, sino también los costos logísticos y de refinación en una cadena que repercute en múltiples economías.

En este contexto, los gobiernos y organismos internacionales suelen activar mecanismos de emergencia para amortiguar shocks de oferta y contener efectos sobre la economía mundial. Uno de los instrumentos más conocidos es la liberación de reservas estratégicas, pensada para responder a escenarios de disrupción severa.

Cómo funcionan las reservas estratégicas

Las reservas estratégicas son existencias de petróleo y gas natural acumuladas por países industrializados para enfrentar eventuales rupturas de suministro. Tras la crisis del petróleo de 1973, los países de la OCDE resolvieron almacenar preventivamente estos recursos, estableciendo mínimos de seguridad: al menos el equivalente al consumo de petróleo y sus derivados durante 90 días y, en el caso del gas natural, durante 20 días.

La coordinación de este tipo de medidas recae en la Agencia Internacional de la Energía, integrada por un grupo de 32 países, todos pertenecientes a la OCDE. Históricamente, la liberación de reservas ha sido utilizada para distender episodios críticos: en 1991 durante la guerra de Irak; en 2005 tras el huracán Katrina; en 2011 luego de la subida vinculada a la Primavera Árabe; y dos veces en 2022 luego del inicio de la guerra de Ucrania.

La liberación récord y el “efecto rebote”

La decisión adoptada por unanimidad por los 33 países miembros de la IEA este 12 de marzo supone la mayor liberación de reservas en su historia: 400 millones de barriles. La magnitud equivale a un tercio de todas sus reservas estratégicas almacenadas, es más del doble de lo liberado tras el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania y representa el equivalente a cuatro días de demanda mundial de petróleo.

El mercado anticipaba que se activaría el mecanismo para intentar moderar los precios, pero la escala del anuncio introdujo una lectura adicional: liberar tanto volumen puede interpretarse como señal de que el riesgo de una ruptura de suministro sería mayor de lo que sugería un barril cercano a los 90 dólares.

En esa lógica, los 400 millones de barriles cumplieron un rol paradójico: en vez de disipar el temor, gatillaron un “efecto rebote” al reforzar la percepción de que la normalización posterior al conflicto no sería inmediata. Incluso si los buques vuelven a cruzar Ormuz, la preocupación se traslada a la capacidad productiva regional y a cuánto de esa infraestructura podrá sostener niveles de oferta similares a los existentes antes de la escalada bélica.

De mantenerse el cierre del estrecho y la presión sobre instalaciones y transporte, la liberación de reservas aparece como un amortiguador temporal, mientras el foco del mercado se desplaza hacia la duración del conflicto y la velocidad con que podrían restablecerse los flujos normales de producción y distribución.