Durante décadas, el sur de Chile ha sido visto como un territorio de paso, un lugar que conecta destinos más visibles. Sin embargo, para quienes conocen su historia, su gente y sus oportunidades, el sur es también un espacio fértil para crear, innovar y emprender con visión de largo plazo. Desde Osorno, una ciudad muchas veces subestimada, han surgido proyectos que hoy dialogan con el mundo, cruzando turismo, patrimonio, sostenibilidad e innovación.
Marcelo Moraga es uno de esos nombres que aparece una y otra vez cuando se habla de desarrollo territorial en el sur. Periodista de formación, ha construido una trayectoria que une comunicaciones, turismo, emprendimiento y economía del conocimiento. Fundador de Aldea Cowork, socio de HDC Latinoamérica, cofundador de Patagonia Startups y ex director provincial de Sernatur, su historia refleja cómo desde regiones también se puede pensar en grande.
Marcelo, partamos desde el origen. ¿Qué te llevó a estudiar periodismo y cómo fue tu primer acercamiento al mundo audiovisual?
El interés por lo audiovisual fue lo que me llevó al periodismo, a fines de los años 80. Tuve la posibilidad de comprar una cámara de video y empecé a hacer videoclips, muy al estilo ochentero. Eso me permitió participar en concursos, incluso ganar un premio e ir a programas de televisión. Cuando llegó el momento de postular a la universidad, el periodismo era lo más cercano a ese mundo audiovisual que ya estaba explorando. Desde ahí siempre estuve ligado a la televisión y al lenguaje audiovisual, incluso antes de estudiar formalmente la carrera.
O sea que, de alguna manera, ejerciste antes de estudiar.
Exactamente. El estudio del lenguaje audiovisual comenzó antes que el periodismo como profesión formal.
Has trabajado en medios, turismo y hoy lideras varios emprendimientos. ¿Cómo se fue construyendo ese camino?
El sur de Chile ofrece muchas oportunidades para conectar mundos. El periodismo entrega herramientas clave: comunicar, estructurar mensajes, presentar productos y servicios. Recién salido de la universidad, estudié estrategia de negocios y tuve la oportunidad de coordinar un proyecto de fomento turístico en Osorno a fines de los años 90. Ahí entendí cómo se conectan turismo, marketing y comunicaciones.
Con la llegada del siglo XXI, los sitios web, el marketing digital y la tecnología fueron encajando muy bien con mi formación audiovisual. Todo eso se fue integrando de forma natural.
Desde tu experiencia, ¿qué falta todavía en la relación entre turismo y comunicación en la región?
Mucho. El turismo sigue siendo mal entendido. Se trata como política pública o incluso política partidista, cuando en realidad es un negocio. El turismo crece cuando hay mercado, cuando llegan clientes, no solo cuando se hacen discursos. Falta copiar y adaptar buenas prácticas internacionales y dejar de improvisar. Ese es un trabajo pendiente en Chile y especialmente en regiones.
El turismo también es una industria muy atomizada. ¿Eso dificulta su desarrollo?
Totalmente. En Latinoamérica el turismo está compuesto mayoritariamente por microempresas, muchas lideradas por mujeres y familias completas. Son negocios de subsistencia, con poco margen de crecimiento individual. Además, incluso las empresas “grandes” del turismo son pequeñas si se comparan con otras industrias.
Por eso la asociatividad es clave. Campañas conjuntas, productos compartidos, estrategias comunes. Sin eso, es muy difícil romper la estacionalidad y lograr resultados sostenibles durante todo el año.
Desde esa mirada, ¿qué rol juegan las autoridades públicas?
En muchos casos, públicos y privados no conversan. Los privados hacen esfuerzos individuales, los municipios ejecutan planes que no dialogan con el sector productivo, y se pierde impacto económico. Donde sí funciona el turismo es donde existe coordinación real entre quienes hacen negocios y quienes diseñan políticas.
Fuiste gerente comercial de Termas de Puyehue. ¿Qué aprendizajes te dejó esa etapa?
Llegué en 2001, justo después del corralito argentino. La demanda cayó brutalmente y el desafío fue reflotar una empresa histórica que estaba algo dormida. Trabajamos fuerte en gestión comercial, relaciones públicas, eventos deportivos y vinculación con la comunidad. Logramos reposicionar el destino y actualizar su imagen. Fue una experiencia clave para entender cómo reactivar un gigante tradicional sin perder su identidad.
Hoy lideras proyectos como Aldea Cowork, HDC Latinoamérica y Patagonia Startups. ¿Cómo se conectan entre sí?
La empresa base es Aldea de los Jardines, un complejo turístico con enfoque en sostenibilidad y accesibilidad, ubicado en las afueras de Osorno. Desde ahí nació Aldea Cowork, como espacio colaborativo. Luego, a través de alianzas internacionales, creamos HDC Latinoamérica, una consultora especializada en destinos patrimoniales, museos, senderos interpretativos y centros de visitantes.
Finalmente, Patagonia Startups surge como una incubadora privada enfocada en cambio climático, economía circular y biotecnología. Todo se conecta desde una misma lógica: desarrollo territorial con valor agregado.
Patagonia Startups tiene foco en sostenibilidad. ¿Por qué ese énfasis?
Porque es el futuro. La biología, la economía circular y la tecnología aplicada al medioambiente concentran gran parte de las soluciones que el mundo necesita. Decidimos especializarnos ahí porque creemos que desde la Patagonia se puede aportar al planeta, no solo consumir conocimiento externo.
¿Qué tipo de empresas incuban?
Empresas de nuevos materiales, reciclaje, compensación de huella de carbono, gestión hídrica, alimentos funcionales y biotecnología. Proyectos escalables, con impacto ambiental y social, desarrollados desde el sur.
También está Aldea Cowork. ¿Cómo funciona hoy ese modelo?
Después de la pandemia migramos hacia un modelo híbrido. Ofrecemos domicilios virtuales, formalización de empresas y espacios de trabajo en entornos naturales en Aldea de los Jardines. Es una experiencia tipo campus: menos oficina tradicional, más conexión con la naturaleza.
Desde tu experiencia en Sernatur, ¿qué necesita hoy el turismo regional para ser más competitivo?
Falta desarrollar productos diferenciados: turismo joven, adultos mayores, intereses especiales. No basta con tener atractivos, hay que estructurar experiencias. Además, es clave organizar gestores de destino que coordinen eventos, servicios, horarios y oferta real.
Valdivia ha logrado posicionarse muy bien. ¿Por qué Osorno no?
Porque en Valdivia llevan décadas conversando, generando propósito común. En Osorno, cada sector trabaja con su propia agenda. Nos cuesta la colaboración. No por falta de recursos, sino por cultura. Ese es el cambio que debemos impulsar desde dentro.
Para cerrar, ¿qué consejo le darías a quienes emprenden hoy desde regiones?
Tener más de una fuente de ingreso. La idea de hacer solo una cosa ya no funciona. Yo practico la lógica del malabarista: no descuidar ningún plato. Diversificar permite sobrevivir a crisis, cambios de mercado y contextos inciertos. No buscar solo empleo, sino construir ingresos. Ese es el desafío actual.








