El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio confirmó este martes la aceptación de la renuncia del seremi de la cartera en la Región de Los Lagos, Eduardo Leiva Zumelzu, quien deja el cargo «por motivos personales» con efecto a partir del miércoles 22 de julio. La salida eleva a 25 el número de secretarios regionales ministeriales que han abandonado el gobierno de José Antonio Kast en menos de cinco meses, desde que la administración asumió el 11 de marzo de 2026. La cifra no tiene comparación en la historia reciente del país: en el mismo tramo de instalación, el gobierno anterior de Gabriel Boric registró apenas cinco salidas.
La renuncia de Leiva Zumelzu se produce en un patrón que el propio Ejecutivo no ha logrado contener. El comunicado ministerial repite la fórmula que se ha vuelto rutina en cada anuncio: agradece «el trabajo desarrollado» e informa que el nombramiento del reemplazante se comunicará «oportunamente», sin entregar mayores detalles sobre las razones de fondo. Es el mismo lenguaje administrativo genérico con que se han despachado la mayoría de las 25 bajas acumuladas, una opacidad que impide al ciudadano evaluar si se trata de decisiones personales, cuestionamientos de idoneidad o fallas en los filtros de designación.
La rotación de seremis golpea con fuerza a Los Lagos
Con la salida de Leiva Zumelzu, la Región de Los Lagos suma tres autoridades regionales caídas desde el inicio del actual gobierno. Antes de esta renuncia, la región ya había perdido dos nombramientos en materia de Energía y Educación: el de Jorge Ravelo Fuentes en la Seremi de Energía, cuyo nombramiento fue revocado por no cumplir el requisito técnico de contar con al menos diez semestres de estudios superiores, según informó el propio Ejecutivo; y el de Patricia Dinamarca Reyes en la Seremi de Educación, cuya designación fue dejada sin efecto. La caída de dos cargos en menos de dos semanas durante la fase de instalación dejó vacantes carteras clave para la ejecución de políticas territoriales.
El caso de Los Lagos se inscribe en un fenómeno nacional que ya fue calificado como histórico. A comienzos de mayo, medios internacionales como EFE y la agencia suiza Swissinfo consignaron la «histórica renuncia» de una veintena de autoridades regionales, entre designaciones canceladas antes de asumir y renuncias exprés que en algunos casos no alcanzaron a durar 24 horas en el cargo, como ocurrió con las seremis de Culturas de Aysén y de la Región Metropolitana.
Una desprolijidad que las regiones pagan en gestión
Más allá del volumen, lo que distingue a este ciclo de instalación es la diversidad de causales que han derivado en las salidas: incumplimiento de requisitos académicos, cuestionamientos de idoneidad, publicaciones polémicas en redes sociales, deudas de pensión alimenticia e incluso resultados de test de drogas aplicados a nivel nacional. El propio gobierno debe designar a más de 380 seremis en todo el país, un volumen donde históricamente los gobiernos de distinto signo —Boric, Piñera y Bachelet— han enfrentado renuncias durante su fase de arranque. Sin embargo, ninguna administración reciente había registrado una frecuencia de bajas comparable en tan pocos meses.
El costo de esta intermitencia no es abstracto. En regiones como Los Lagos y Los Ríos, donde la inversión pública en infraestructura, salud y medioambiente resulta estructuralmente insuficiente frente a la extensión territorial y la dispersión de la población, cada semana sin seremi titular significa una semana de parálisis administrativa real. Cada cargo que se cae posterga licitaciones, planes de salud y políticas culturales que las comunidades del sur esperan con urgencia. En el caso específico de la cartera de Culturas, la vacante afecta la gestión del patrimonio, el fomento artístico y la ejecución de fondos concursables en un territorio que ha reclamado históricamente mayor descentralización de la inversión cultural.
La renuncia de Leiva Zumelzu deja nuevamente en evidencia la fragilidad de la instalación territorial del gobierno de Kast, y reinstala la pregunta que ha acompañado a cada una de las 25 salidas: cuánto más tardará la administración en estabilizar sus equipos regionales, y cuánto de ese costo lo seguirán absorbiendo las regiones que, como Los Lagos, dependen del Estado para sostener servicios que el mercado no cubre.








