Por qué volver a entrenar después de las vacaciones se siente más difícil de lo que crees

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Volver a entrenar post febrero suele sentirse más difícil por cambios biológicos propios del desentrenamiento, explica el académico de la Universidad Andrés Bello, Rodrigo Yáñez. Fatiga precoz, falta de aire y dolor muscular son respuestas normales del cuerpo tras semanas de inactividad, y requieren un retorno progresivo para evitar lesiones.

El primer día de regreso al gimnasio suele comenzar con entusiasmo. La ropa deportiva vuelve a salir del clóset, las zapatillas retoman su lugar en la puerta y la promesa es clara: “esta semana sí”.

Pero bastan diez minutos en la trotadora para que aparezca la sorpresa. Falta el aire, las piernas pesan y el cuerpo parece no recordar que hace apenas un mes corría sin dificultad. Entonces surge la pregunta incómoda: ¿perdí todo lo que había ganado?

La respuesta, según el académico de Educación Física de la Universidad Andrés Bello, Rodrigo Yáñez, no tiene que ver solo con motivación. Tiene que ver con biología.

“Cuando dejamos de movernos por varias semanas, el cuerpo comienza un proceso de desentrenamiento que va desde cambios a nivel celular hasta una disminución visible de la condición física. Es la clásica regla del ‘úselo o piérdalo’”, explica.

El cuerpo entra en “modo ahorro”

Durante las vacaciones cambian los horarios, desaparecen las rutinas y el ejercicio deja de ser automático. Lo que antes era parte del día ahora depende únicamente de la fuerza de voluntad. Y esa fuerza suele estar desgastada por el regreso al trabajo, las responsabilidades y el estrés.

Pero no es solo un tema mental.

En periodos de inactividad, el organismo reduce progresivamente sus adaptaciones físicas. Las células musculares se vuelven menos eficientes para utilizar azúcares y grasas como fuente de energía. Por eso aparece esa sensación de fatiga temprana, como si el cuerpo “no respondiera” al esfuerzo.

El aire ya no alcanza

Otro fenómeno clave ocurre en la oxigenación muscular. El cuerpo es eficiente ahorrando recursos: si no hay movimiento, disminuye la red de capilares que llevan oxígeno a los músculos. Cuando se retoma el ejercicio, el corazón debe trabajar más para compensar esa falta de infraestructura, generando sensación de ahogo y aceleración cardíaca en pocos minutos.

No es debilidad. Es adaptación.

El músculo pierde tolerancia

En personas entrenadas, el músculo desarrolla sistemas que neutralizan la acidez generada durante el ejercicio intenso. Tras semanas de sedentarismo, esa capacidad disminuye. El resultado es la clásica sensación de quemazón y cansancio precoz.

A eso se suma otro factor menos visible: los tendones. Estas estructuras funcionan como resortes naturales que optimizan el movimiento. Con la inactividad se vuelven más rígidos, lo que obliga a los músculos a asumir mayor carga. Aparece entonces la pesadez, el dolor articular y el mayor riesgo de molestias.

El error de querer volver “como antes”

Frente a esta realidad, muchos cometen el mismo error: intentar entrenar al mismo nivel previo a las vacaciones. Y ahí llegan las lesiones, el agotamiento extremo o la frustración.

“El cuerpo ya no es el mismo y necesita un proceso progresivo de readaptación. Volver lento, con cargas graduales y asesoría profesional, es fundamental para prevenir lesiones y recuperar el rendimiento de forma segura”, enfatiza Yáñez.

Febrero no es una señal de fracaso físico. Es una etapa de transición.

Más paciencia, menos culpa

Entender que el cansancio tiene una base biológica —y no es simplemente falta de disciplina— cambia la perspectiva. El proceso de volver a entrenar no es retroceder, sino reconstruir.

La clave está en avanzar progresivamente: sesiones más cortas, intensidad moderada, descanso adecuado y constancia. En pocas semanas, el cuerpo vuelve a adaptarse. La capacidad cardiovascular mejora, la fuerza regresa y la sensación de ahogo disminuye.

Lo que hoy se siente cuesta arriba no es el final del camino.

Es simplemente el cuerpo recordando cómo volver a moverse.

infografias inactividad post vacaciones
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