Emprender en Chile en 2026 sigue siendo una necesidad para miles de personas, pero también un ejercicio que exige más planificación que nunca. Las proyecciones económicas para este año apuntan a una recuperación moderada —crecimiento cercano al 2% con inflación más controlada—, pero el escenario de fondo es complejo: consumo debilitado, costos operativos elevados, desempleo persistente y un récord de quiebras registrado durante 2025, especialmente en comercio y construcción. Solo el año pasado se constituyeron más de 220 mil nuevas sociedades en el país, pero también se liquidaron empresas a un ritmo sin precedentes recientes.
En ese contexto, Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial de la Universidad Andrés Bello, advierte que el éxito hoy depende mucho más de resolver necesidades reales que de seguir tendencias pasajeras. «El mercado castiga los negocios improvisados y premia aquellos que logran adaptarse a tendencias estructurales como la digitalización, la sostenibilidad, el bienestar y los servicios especializados. Emprender sin planificación financiera o sin validar la demanda sigue siendo una de las principales causas de fracaso», señala el académico.
Los rubros con mayor potencial
Los servicios tecnológicos para pymes encabezan el mapa de oportunidades. La demanda por automatización, inteligencia artificial, facturación electrónica y ciberseguridad sigue creciendo a medida que más pequeñas empresas enfrentan la presión de digitalizarse para mantenerse competitivas. El rubro ofrece además alta escalabilidad con inversión inicial relativamente baja.
En segundo lugar aparecen las energías renovables y la eficiencia energética. La instalación de paneles solares, las auditorías energéticas y las soluciones de gestión del consumo eléctrico ganan terreno en un contexto de tarifas al alza y transición energética que el Estado está impulsando con fuerza. Para regiones como Los Lagos y Los Ríos, donde el consumo energético residencial e industrial es significativo y la dependencia de la leña sigue siendo alta, este es un nicho con proyección concreta.
Los servicios vinculados a la minería del cobre y el litio también aparecen entre los de mayor potencial, especialmente para pymes proveedoras de tecnología, sostenibilidad y mantenimiento especializado que puedan insertarse en cadenas de valor de grandes operaciones. El segmento de mascotas —hoteles, grooming, alimentación premium y servicios veterinarios especializados— mantiene un crecimiento sostenido gracias a la consolidación cultural de los animales de compañía como parte del núcleo familiar. Finalmente, la educación online y la reconversión laboral cierran la lista: cursos de habilidades digitales, preparación para la PAES, idiomas e inteligencia artificial concentran demanda creciente tanto de jóvenes como de trabajadores que buscan reinsertarse en un mercado laboral en transformación.
Los rubros con mayor riesgo
En el extremo opuesto, los restaurantes y cafeterías tradicionales encabezan la lista de rubros con mayor exposición al fracaso. Los altos costos de arriendo, personal e insumos, combinados con un consumo más cauteloso de los hogares, han golpeado con fuerza al sector gastronómico en los últimos dos años. Las tiendas físicas de retail sin diferenciación clara enfrentan un desafío similar: la competencia del comercio electrónico y las plataformas internacionales de venta directa siguen erosionando los márgenes de los pequeños comercios tradicionales.
La construcción y las inmobiliarias de menor escala también permanecen bajo presión, afectadas por el alza de costos de materiales, las dificultades de financiamiento y los extensos procesos de permisos que ralentizan la operación. La importación de productos genéricos enfrenta volatilidad cambiaria y competencia digital creciente que reduce los márgenes hasta hacerlos inviables en muchos casos. Y los negocios basados en modas virales de redes sociales completan el grupo de mayor riesgo: alta visibilidad inicial, pero vida útil corta y exposición al sobrestock cuando la tendencia desaparece.
Para Oelckers, el denominador común de los emprendimientos que fracasan sigue siendo el mismo: lanzarse sin análisis previo. «El gran desafío es entender que ya no basta con tener una buena idea. Hoy se necesita diferenciación, control financiero, adaptación tecnológica y capacidad para resolver problemas concretos. Los emprendimientos que sobreviven son los que logran generar valor real y sostenerlo en el tiempo», concluye el especialista.









