Estudio confirma calor extremo y sequía cinco veces más frecuentes a fin de siglo

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

Calor extremo y sequía serán mucho más comunes hacia fines de siglo si se mantienen las políticas climáticas actuales, con fuerte impacto humano.

Un estudio con 152 simulaciones advierte que la exposición aumentará y golpeará con más fuerza a países tropicales de bajos ingresos. Sus conclusiones conectan con desafíos del sur de Chile, donde la seguridad hídrica, la salud y la producción de alimentos dependen de la estabilidad del clima.

La combinación de calor extremo y sequías será cinco veces más frecuente hacia finales de este siglo si se mantienen las políticas climáticas actuales, en un escenario que afectará gravemente a cerca del 30% de la población mundial y agravará una “profunda injusticia climática”. El hallazgo, de alcance global, es relevante para territorios del sur de Chile como la Región de Los Lagos, donde el acceso al agua, la producción de alimentos y la exposición a incendios se tensionan cuando el calor y la falta de lluvias ocurren al mismo tiempo.

La advertencia se centra en un fenómeno de riesgos compuestos: sequía y calor extremo, juntos, generan amenazas mayores que cada evento por separado. Según el análisis, la dupla impacta la seguridad alimentaria, la salud humana y el acceso al agua, y golpea con más fuerza a países tropicales de menores ingresos, que aportan menos al calentamiento global.

El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad Oceánica de China y del Instituto Alfred Wegener (Alemania). Para proyectar cómo podrían evolucionar estas condiciones hasta finales de siglo, el equipo ejecutó 152 simulaciones basadas en ocho modelos climáticos, incorporando escenarios de crecimiento demográfico y calentamiento global descritos en el Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC).

Los resultados fueron publicados este martes en la revista Geophysical Research Letters, de la Unión Geofísica Americana. El estudio pone el foco en cómo decisiones políticas vinculadas a emisiones pueden cambiar el número de personas expuestas a estos peligros ambientales en las próximas décadas.

Riesgos combinados: agua, alimentos, salud e incendios

El análisis plantea que cumplir acuerdos internacionales de emisiones reduciría de manera significativa la cantidad de población expuesta a extremos combinados de calor y sequía. En la práctica, el mensaje es que las opciones actuales en materia de políticas climáticas influirán en la calidad de vida y la supervivencia de miles de millones de personas.

Los investigadores subrayaron que el calor y la sequía se potencian mutuamente. En situaciones extremas, esa interacción se traduce en restricciones de agua e inestabilidad en los precios de los alimentos, además de elevar el riesgo de incendios forestales, provocar pérdidas agrícolas y aumentar la mortalidad.

Para medir la evolución del fenómeno, el equipo dividió la superficie terrestre en celdas dentro de una cuadrícula y comparó la frecuencia de olas de calor y sequías en cada celda. Con ese método, identificaron que entre 2001 y 2020 las áreas terrestres sufrieron aproximadamente cuatro episodios de calor y sequía al año, el doble de lo observado en el período preindustrial, entre 1850 y 1900.

Más exposición global y desigualdad climática

En el escenario de crecimiento climático y demográfico más alineado con la trayectoria actual, el estudio proyecta que los extremos de calor y sequía se intensificarían para el 28% de la población mundial —casi 2.600 millones de personas— hacia la década de 2090. En el corto plazo, el mismo nivel de exposición alcanzaría al 6,6% de la población durante la década de 2030.

A escala global, los extremos combinados de calor y sequía podrían ocurrir casi 10 veces al año en promedio hacia el final del siglo. En paralelo, los eventos más largos durarían alrededor de 15 días, lo que implica un aumento de 2,4 y 2,7 veces respecto de las condiciones de los últimos 25 años, respectivamente.

El estudio concluye que detrás de estos cambios están las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Al revisar simulaciones que consideraban únicamente fuerzas naturales, los autores no observaron tendencias significativas en la frecuencia ni en la duración de los extremos de calor y sequía.

En su dimensión social, los resultados apuntan a que los países que más emiten no serán los que sufran los mayores impactos: la distribución geográfica del riesgo muestra que naciones de bajos ingresos cercanas al ecuador y los trópicos experimentarían los extremos más intensos pese a contribuir con muchas menos emisiones. En regiones como Los Lagos, donde la planificación territorial depende de sistemas de agua, salud y producción agrícola y forestal, el mensaje central es que el aumento de extremos compuestos tensiona de forma simultánea recursos básicos que sostienen la vida cotidiana y las economías locales.