Fake news y desinformación digital: el factor silencioso detrás de la crisis de salud mental de los jóvenes en Los Lagos

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

La región con la tasa de suicidio más alta del país enfrenta un problema adicional que la ciencia ya documentó: la desinformación en redes sociales amplifica la ansiedad, la depresión y la desconfianza en sistemas de ayuda entre niños y jóvenes. Este jueves, el Colegio de Periodistas Décima Sur convoca a debatir un vínculo que no puede seguir ignorándose.

Cuando se habla de los factores que explican la crisis de salud mental infanto-juvenil en la Región de Los Lagos, el debate suele concentrarse en la falta de especialistas, la distancia geográfica y el bajo presupuesto. Lo que rara vez aparece en esa conversación es el papel que cumple la desinformación digital en el deterioro del bienestar psicológico de niños y adolescentes. Un creciente cuerpo de evidencia científica indica que esa omisión tiene consecuencias.

Una región en el extremo del mapa sanitario

Los números para Los Lagos no admiten interpretaciones optimistas. Según datos que consideran el período 2010-2019, la región tiene la tasa de suicidio más alta del país, con 16,6 muertes por cada 100.000 habitantes. Entre los años 2000 y 2017, las tasas más altas de mortalidad por suicidio en adolescentes y jóvenes se encontraron consistentemente en las regiones de Aisén, Los Lagos, Magallanes y Los Ríos. Son dos décadas de datos que apuntan al mismo lugar del mapa.

Para Víctor Toledo, presidente regional del Colegio de Periodistas de Los Lagos, esa realidad tiene una dimensión que el debate público suele ignorar. «La región lidera a nivel país la incidencia de suicidios en el segmento joven, entre los 15 y 29 años. Y esto no es un dato aislado: la conducta suicida es contagiosa, al igual que otras conductas asociadas a la salud mental como la violencia. El tratamiento informativo de determinados hechos tiene un impacto directo en la salud mental de adolescentes y jóvenes», señala Toledo.

El dirigente gremial va más lejos en su diagnóstico sobre el rol de la prensa. «El derecho a la libertad de prensa no consiste solo en el derecho a existir de los medios. Es el derecho de la ciudadanía a ser informada por una prensa libre, no cooptada y éticamente comprometida con el tratamiento informativo. La diferencia entre informarse por perfiles de redes sociales o por medios de comunicación formales, con el trabajo activo de profesionales periodistas, es tremenda», agrega.

La brecha en atención es igualmente documentada. El 22,5% de la población infanto-adolescente en Chile presenta algún trastorno mental, según el Ministerio de Salud. La cifra más significativa de suicidios aparece en el tramo de 15 a 19 años, y la mayor concentración de casos juveniles se ubica en la zona sur, particularmente en Los Lagos. Para esa población, los centros de salud familiar son frecuentemente la única infraestructura de salud mental disponible. En comunas como Fresia, Futaleufú o Chaitén, no existe una alternativa.

Lo que la ciencia dice sobre la desinformación y la salud mental juvenil

El problema de la desinformación digital no es independiente de este cuadro: es un factor que lo agrava. Intentar verificar la veracidad de un rumor o una historia aterradora genera sentimientos de rabia, desconfianza, ansiedad e incluso depresión entre quienes la consumen, según investigaciones sobre el impacto de las noticias falsas en salud mental. En adolescentes, ese proceso es especialmente dañino porque ocurre en una etapa de desarrollo emocional todavía incompleto.

Un estudio de la Universidad Comenius de Bratislava reveló que el 41% de los adolescentes es incapaz de distinguir entre contenido médico digital verdadero y falso. Los investigadores advierten que la desinformación en salud lleva a tomar malas decisiones, adoptar comportamientos de riesgo y perder la confianza en las autoridades sanitarias. Esa pérdida de confianza es particularmente grave en una región donde el acceso a esos servicios ya es precario. Un joven de 16 años que consume durante semanas contenido que desacredita la psiquiatría, los psicofármacos o los protocolos de crisis, no solo enfrenta un problema de salud mental: enfrenta también una barrera informacional activa que lo aleja de la ayuda disponible.

El ecosistema digital que rodea a los jóvenes

El 60% de los adolescentes utiliza las redes sociales como principal medio para acceder a la información, al mismo nivel que la televisión y por delante de la prensa online, la radio y la prensa escrita, según un estudio de Save the Children publicado en septiembre de 2024. En ese contexto, la calidad de lo que circula en esas plataformas no es un problema estético: es una variable de salud pública. Para la Generación Z, TikTok es el nuevo motor de búsqueda, y uno de cada cinco videos sugeridos por la plataforma contiene desinformación, según datos de UNICEF España.

Para Ximena Oettinger, coordinadora de Salud Mental de la Seremía de Salud de Los Lagos, el problema tiene una dimensión clínica concreta. «La idea es conversar sobre los riesgos del mal uso de la libertad de expresión en salud mental infanto-adolescente: cómo los discursos mal informados o los elementos de desinformación impactan en chicos y chicas que están en pleno desarrollo de sus funciones cerebrales y que aún no tienen la capacidad consolidada para procesar críticamente lo que buscan en cualquier pantalla», señala.

Las consecuencias, advierte, son medibles. «Dependiendo de cómo impacta la noticia o el contenido que la persona busca, se pueden generar situaciones de estigma o autoestigma, cuadros ansiosos, e incluso afectación de la salud física. Por eso es importante conversar sobre el deber ético en la entrega de información y sobre las medidas de política pública que podemos adoptar para mitigar los riesgos en la salud mental de niños y adolescentes», agrega Oettinger.

Para Zua Fuentes, periodista y especialista en medios electrónicos, el problema tiene que ver con la arquitectura misma de las plataformas. «Los adolescentes se informan principalmente por redes sociales, a través de fuentes que no siempre son verificables y bajo un algoritmo que filtra la información según sus gustos y preferencias. Eso significa que nunca pueden tener un panorama global de lo que ocurre, a menos que busquen activamente otras fuentes, como medios digitales verificables», sostiene.

El rol del periodismo en este escenario

El conversatorio que organiza el Colegio de Periodistas Décima Sur este jueves 7 de mayo plantea precisamente este nudo: cómo la información —o la desinformación— condiciona la salud mental de niños y jóvenes. La instancia reúne a la psiquiatra infanto-juvenil Marcela Pavón, quien aportará la perspectiva clínica sobre los efectos que el entorno informativo y digital genera en el desarrollo emocional y psicológico de los más jóvenes, y a Ximena Oettinger, quien situará el debate en el contexto de las políticas públicas regionales. La moderación estará a cargo de Zua Fuentes, director de MiradaSurTV, en representación del Colegio de Periodistas Décima Sur.

La actividad se enmarca en el Día Mundial de la Libertad de Prensa y en los 70 años del Colegio de Periodistas de Chile, una institución que en este aniversario reafirma su compromiso con el ejercicio responsable de la comunicación. El vínculo entre calidad informativa y bienestar psicológico no es una abstracción académica. Es, en Los Lagos, una cuestión de supervivencia.

Si tú o alguien cercano enfrenta una situación de crisis, puedes llamar al 600 360 7777 (Salud Responde) o al *4141, línea de prevención del suicidio.

Ficha del conversatorio del Colegio de Periodistas Décima Sur, 7 de mayo de 2025

Conversatorio

«Riesgos del mal uso de la libertad de expresión en la salud mental infanto-juvenil»

Colegio de Periodistas Décima Sur · 70 años del Colegio de Periodistas de Chile

Fecha Jueves 7 de mayo de 2025
Hora 19:00 horas
Lugar Auditorio Caja de Compensación La Araucana, Puerto Montt
Entrada Libre y gratuita
Dirigido a Familias, docentes, comunicadores, jóvenes y comunidad en general

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