La Región de Los Ríos llegó a 13 fallecimientos por cáncer de piel en 2025, en un contexto donde las olas de calor registradas en Chile durante las últimas semanas han traído no solo temperaturas extremas, sino también niveles elevados de radiación ultravioleta (UV), principal factor de riesgo de esta enfermedad. En época estival, además, aumenta el tiempo al aire libre y no siempre se usan medidas adecuadas como ropa protectora, lo que eleva la exposición directa al sol y el riesgo de quemaduras.
El riesgo no se juega solo en un día de playa: la radiación UV está asociada a cerca del 90% de los casos de cáncer de piel y su efecto se acumula a lo largo de la vida. En episodios de calor extremo, ese daño puede intensificarse y aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad, especialmente en personas con piel clara, antecedentes familiares, múltiples lunares o que sufrieron quemaduras solares en etapas tempranas.
El dermato-oncólogo de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), Dr. Jonathan Stevens, lo explica desde la experiencia clínica: “Existe un tipo de cáncer de piel, el carcinoma basocelular, el más frecuente en la población, en el que el factor de riesgo más importante es la exposición crónica y persistente al sol sin ninguna medida de protección. Esto genera un daño acumulativo en las células de la piel, que luego se manifiesta a través de lesiones cutáneas, como una herida, bulto o granito persistente, que son la primera evidencia de cáncer de piel. Generalmente, aparecen después de los 50 años, pero hoy lo estamos observando en personas cada vez más jóvenes”.
A nivel país, las tendencias también muestran presión al alza. Según proyecciones del Observatorio Global del Cáncer (Globocan), durante 2025 se diagnosticaron cerca de 4.200 nuevos casos de cáncer de piel en Chile, lo que implica un aumento cercano al 12% respecto de 2022. En la próxima década, Globocan proyecta que los nuevos casos podrían llegar a 5.800, mientras 913 personas fallecerían por este tumor.
Esa trayectoria ayuda a dimensionar por qué el tema importa en territorios como Los Ríos: actualmente se estima que 1 de cada 10 personas en Chile desarrollará cáncer de piel a lo largo de su vida. Con altas temperaturas persistentes, más actividades al sol y patrones de exposición que se repiten verano a verano, el autocuidado y la pesquisa oportuna tienen un impacto directo en salud, gastos familiares y calidad de vida.
Prevención diaria y horarios críticos
La recomendación central, recalca Stevens, es reducir la exposición sin protección, especialmente cuando la radiación es más alta, entre las 11:00 y las 16:00 horas. En esa franja, sugiere privilegiar medidas físicas: sombrero (idealmente de ala ancha), lentes de sol con protección UV, ropa de manga larga y, en el caso de veraneantes, no olvidar el quitasol.
A eso se suma el protector solar como hábito anual. El especialista detalla: “El uso del protector solar al menos FPS 30 durante todo el año es esencial. En el caso de personas de piel más clara o con antecedentes de cáncer de piel, se recomienda el uso de FPS 50. El protector solar debe reaplicarse cada dos a tres horas, lo que implica hacerlo al menos tres veces al día”. La indicación apunta a evitar quemaduras —un daño que no siempre se percibe como grave en el momento— y a disminuir el impacto acumulativo de la radiación.
La prevención también es clave porque el cáncer de piel es altamente tratable si se detecta temprano: 9 de cada 10 personas diagnosticadas podrían sobrevivir cuando la enfermedad se pesquisa en etapas precoces. Por eso se recomienda revisar periódicamente la piel y estar atentos a nuevas lesiones; además, examinar los lunares con la regla del ABCDE: Asimetría, Bordes irregulares, Color no uniforme, Diámetro mayor a 6 mm y Evolución o cambios visibles. Si existen lesiones cutáneas que sangran, crecen o no cicatrizan, deben ser evaluadas por un especialista dermatólogo.
Campañas, legislación y realidad regional
En olas de calor, la exposición intensa y esporádica —tanto recreativa como laboral— sigue siendo el principal factor de riesgo, especialmente en el cáncer de piel tipo Melanoma, de peor pronóstico y mayor mortalidad. En este marco, el uso correcto de protector solar no solo reduce el riesgo oncológico: también previene envejecimiento prematuro, pérdida de elasticidad, arrugas y manchas. Entre las recomendaciones insistidas están evitar el sol entre 11:00 y 16:00, aplicar protector solar FPS 50+ al menos tres veces al día durante todo el año, usar sombrero y ropa que cubra extremidades en verano, y proteger ojos y zona periocular con gafas oscuras con filtro UV.
El reporte recuerda además un punto relevante para quienes trabajan al aire libre: la legislación chilena establece que es deber del empleador proveer gratuitamente protección solar a trabajadores expuestos al sol, incluyendo protector solar SPF 50+, gorros tipo legionario, gafas con filtro UV y ropa adecuada. En paralelo, la Fundación Arturo López Pérez reforzó su campaña “Protégete de lo que no ves”, llamando a extremar medidas de prevención y a consultar oportunamente, especialmente durante períodos de calor extremo.
En cifras nacionales, durante 2025 590 personas habrían fallecido por cáncer de piel en Chile, según datos preliminares del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud. Entre 2021 y 2025, 2.972 personas murieron por esta causa a nivel nacional. En 2024, las regiones más afectadas fueron la Metropolitana (207 fallecidos), Valparaíso (64), Biobío (48), La Araucanía (42), O’Higgins (41), Maule (35) y Coquimbo (35), zonas que además concentran altos índices de radiación UV en verano.
En Los Ríos, la “realidad local” mencionada en el informe refleja un alza marcada: los decesos aumentaron 85,7%, pasando de 7 en 2024 a 13 en 2025. Del total, 6 fueron mujeres y 7 hombres, y la mayor proporción se concentró en el grupo de 50 a 69 años (5 casos). Frente a este escenario, el desafío inmediato es sostener hábitos de protección solar —en hogares, turismo y trabajos expuestos— y reforzar la consulta temprana ante lesiones o cambios en la piel, especialmente mientras continúen episodios de altas temperaturas y radiación elevada.









