El sitio arqueológico Monte Verde, en la Región de Los Lagos y en el entorno de Puerto Montt, fue defendido por la comunidad científica internacional luego de que tres cartas publicadas en la revista Science refutaran un estudio reciente que buscaba reinterpretar su cronología. Las respuestas sostienen que el yacimiento mantiene su antigüedad de 14.500 años, respaldada por evidencia arqueológica, geológica y genética.
Las cartas reaccionan a las tesis planteadas por Todd Surovell y César Méndez, cuestionadas por equipos de especialistas de universidades de Estados Unidos y Europa. En conjunto, apuntan a errores de interpretación sobre cómo se formó el yacimiento y sobre la relación de ciertos afloramientos con el sitio principal que ha sido excavado y estudiado durante décadas.
En el foco del debate está el alcance de las observaciones usadas para discutir la datación y la integridad del registro. Según los autores de las respuestas, el trabajo criticado tomó como base evidencias fuera del núcleo excavado de Monte Verde, lo que afecta la lectura estratigráfica y la reconstrucción de procesos naturales que podrían —o no— haber alterado el registro.
Tom D. Dillehay, investigador principal de Monte Verde, afirmó que el estudio cuestionado se basó en afloramientos distantes al sitio original. En su planteamiento, subrayó que no se realizaron excavaciones directas ni se analizó la estratigrafía completa del yacimiento principal, elementos que, a su juicio, son esenciales para sostener una reinterpretación cronológica.
La discusión por la “Tefra Lepué” y la lectura de los sedimentos
Uno de los puntos críticos abordados en las cartas fue la supuesta identificación de la Tefra Lepué. Los equipos que contestaron sostienen que los autores confundieron depósitos sedimentarios con material volcánico, lo que cambiaría de forma sustantiva la interpretación del contexto geológico y los marcadores temporales utilizados en la discusión.
El científico Michael R. Waters planteó que los análisis geoquímicos no respaldan la tesis de los críticos. En las respuestas, se argumenta que la caracterización del material atribuido a tefra no calza con lo que debiera observarse si efectivamente se tratara de un depósito volcánico correlacionable con Lepué.
Las cartas también refuerzan que la integridad del registro arqueológico es consistente con una ocupación humana antigua, destacando hallazgos como huellas humanas, fogones y estructuras de madera. Ese conjunto de evidencias, afirman, descarta una explicación basada en una redeposición fluvial que habría “reordenado” materiales en el sitio y alterado su significado temporal.
Datación OSL y genética: por qué Monte Verde sigue siendo clave
Otro eje del respaldo a la cronología de Monte Verde es la datación por luminiscencia (OSL). Según las respuestas, estas mediciones confirman que la superficie de ocupación ya existía hace más de 14.000 años, en el Pleistoceno tardío, alineándose con el marco temporal que ha posicionado a Monte Verde como un referente global para el poblamiento temprano de América.
En paralelo, David J. Meltzer aportó evidencia paleogenómica que sostiene una dispersión humana temprana en Sudamérica. En esa línea, se cita que los datos genéticos actuales sitúan la divergencia de poblaciones hace 15.700 años, un marco temporal que, según las cartas, hace de Monte Verde un punto coherente dentro del conjunto de evidencias sobre los primeros asentamientos humanos en el continente.









