IA que te entiende: la nueva carrera entre Samsung, Google y Apple por tus datos

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Resumen generado automáticamente con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por Mirada Sur.

La industria tecnológica dejó de competir por tener la inteligencia artificial más potente y ahora disputa cuál conoce mejor a cada usuario. Detrás de la promesa de un asistente que se anticipa a tus necesidades hay una pregunta incómoda: cuántos datos personales estamos dispuestos a entregar.

Durante años, la competencia en inteligencia artificial se midió en potencia bruta: qué modelo razonaba mejor, resolvía problemas más complejos o generaba texto más convincente. Ese eje está cambiando. Las grandes tecnológicas empezaron a disputar un terreno distinto y más íntimo: cuál de sus asistentes conoce mejor a cada usuario y puede anticiparse a lo que necesita. La consigna, resumida por el propio CEO de Samsung Electronics, TM Roh, en una reciente columna, es que la IA «no necesita ser más inteligente», sino entender a la persona.

La frase sintetiza un giro que atraviesa a toda la industria y que redefine qué se le pide hoy a un teléfono, un reloj o un televisor. Pero también abre un debate que las marcas prefieren mencionar al pasar: para que una IA «te entienda», primero necesita saberlo casi todo sobre ti.

De responder preguntas a actuar por ti

El cambio de fondo es el paso del asistente que responde al asistente que ejecuta. La industria lo llama «era de los agentes»: sistemas que no se limitan a contestar, sino que realizan tareas de varios pasos en nombre del usuario. Google es, por ahora, quien más lejos ha llegado en esa dirección. Su asistente Gemini —que ya reemplazó al histórico Asistente de Google en los dispositivos Android— puede completar acciones concretas en aplicaciones reales, como pedir comida o transporte, dentro de un entorno controlado que la compañía presenta como seguro y con permisos acotados. Esta función está disponible en fase de prueba en modelos recientes de Pixel y en la línea Galaxy de Samsung, lo que muestra hasta qué punto los ecosistemas empiezan a cruzarse.

La apuesta de Samsung, por su parte, se juega en la integración entre dispositivos. La idea que promueve la marca es que el teléfono, la tablet, el reloj que mide el sueño y los electrodomésticos conectados aporten, en conjunto, una imagen más completa de la rutina de una persona, de modo que la IA opere de fondo coordinando esos datos. Es el mismo principio que la compañía anticipa profundizar en su próximo evento Galaxy Unpacked.

Apple, la promesa que se atrasó

El contraste más elocuente lo ofrece Apple. En 2024 presentó una versión renovada de Siri capaz de comprender el «contexto personal» del usuario y actuar entre aplicaciones, y llegó a promocionar sus iPhone con esas capacidades. Sin embargo, la función fue postergada una y otra vez, con estimaciones que la ubican entre 2026 y 2027, e incluso motivó críticas y demandas de consumidores que compraron equipos por prestaciones que no llegaron. La causa técnica que reportan medios especializados es reveladora: Apple insiste en procesar la mayor cantidad de operaciones directamente en el dispositivo para proteger la privacidad, y esa exigencia limita la potencia disponible frente a los modelos que corren en la nube. Tan complejo resultó el desafío que la compañía habría cerrado un acuerdo para usar tecnología de Google como motor de la nueva Siri.

El caso de Apple funciona como advertencia: «entender» a una persona resultó ser mucho más difícil de entregar que de prometer.

La privacidad como moneda de cambio

Ese es el nudo que ninguna de las marcas puede esquivar. La personalización profunda exige que el asistente acumule información sensible: hábitos de sueño, mensajes, agenda, ubicación, consumo. Las compañías responden con la promesa de la confianza. Samsung sostiene que los datos más personales permanecen en el equipo mediante su plataforma de seguridad Knox; Apple hizo del procesamiento local su bandera; Google ofrece controles de permisos granulares y un modelo reducido que opera sin conexión para ciertas tareas.

Pese a esas garantías, crece un movimiento paralelo de usuarios avanzados que desconfían de entregar su vida digital a nubes corporativas y optan por montar agentes locales de código abierto, precisamente para que sus datos no salgan de sus propios equipos. Es una señal de que la confianza, esa palabra que las marcas repiten, no está dada de antemano.

Qué gana y qué cede el usuario

Para el usuario común, la promesa es atractiva: un asistente que ordene el día, recuerde lo importante y resuelva trámites con una instrucción en lenguaje natural. La contracara es que esa comodidad se paga con acceso a datos que antes nadie centralizaba. La pregunta que definirá esta etapa no es cuál empresa tiene la IA más inteligente, sino cuál logra que las personas confíen en entregarle su información a cambio de que las entienda. En un mercado donde la personalización es el nuevo campo de batalla, el activo más disputado no es la tecnología, sino la intimidad de cada usuario.