En una vitrina de cristal a prueba de balas, dentro de la Catedral de San Juan Bautista de Turín, descansa una tela de lino de poco más de cuatro metros de largo que ha sido sometida a más análisis científicos que cualquier otro objeto en la historia de la humanidad. Y sin embargo, nadie puede decir con certeza qué es.
El Sudario de Turín —también conocido como la Sábana Santa o Síndone— lleva siglos dividiendo a teólogos, historiadores y científicos. Para millones de creyentes, es la mortaja de Jesucristo, el paño que envolvió su cuerpo después de la crucifixión. Para los escépticos, es una obra de arte medieval extraordinariamente bien ejecutada. Para la ciencia, en 2026, sigue siendo una de las preguntas sin respuesta más fascinantes del planeta.
Y justo esta semana, en plena Semana Santa, acaba de publicarse un nuevo estudio que reabre el debate una vez más.
El ADN que apunta al Mar Muerto
El 1 de abril de 2026, el profesor Gianni Barcaccia, catedrático de Genética y Genómica de la Universidad de Padua, publicó en formato preprint en la plataforma bioRxiv los resultados de un análisis metagenómico sobre muestras del Sudario. El estudio, titulado «Rastros de ADN en la Sábana Santa de Turín: metagenómica de la colección oficial de muestras de 1978», identifica un genoma predominante de Oriente Medio en la tela y, lo que resulta especialmente llamativo, la presencia de microorganismos halófilos: bacterias y arqueas que solo prosperan en ambientes de salinidad extrema, como los que caracterizan las orillas del Mar Muerto.
Los hallazgos apuntan a que la Sábana Santa estuvo en un entorno característico del Medio Oriente, con presencia de ADN predominante de Oriente Próximo y microorganismos adaptados a ambientes de alta salinidad típicos del Mar Muerto.
Este resultado no es el primero de Barcaccia sobre el Sudario. En 2015, el mismo investigador publicó en Nature Scientific Reports que más del 55,6% del ADN detectado pertenecía a Oriente Próximo, alrededor del 38,7% a la India y menos del 5,6% a Europa, porcentaje atribuible a la contaminación por personas que manipularon la tela a lo largo de los siglos. Los investigadores sugieren que la presencia de linajes indios podría explicarse por el lino utilizado por los romanos, importado de zonas cercanas al valle del Indo.
La batalla de las dataciones: 1988 versus 2024
Para entender por qué estos estudios importan, hay que retroceder hasta 1988, cuando ocurrió el momento más decisivo —y más controvertido— de la historia científica del Sudario. Ese año, tres laboratorios independientes en Suiza, el Reino Unido y Estados Unidos realizaron una datación por carbono 14 sobre muestras de la tela y llegaron a una conclusión unánime: el lino databa de entre 1260 y 1390 d.C. Es decir, la Edad Media. Para muchos, eso cerraba el debate: el Sudario era una falsificación.
Pero la historia no terminó ahí. Un equipo del Instituto de Cristalografía del Consejo Nacional de Investigación de Italia, liderado por el científico Liberato De Caro, utilizó una técnica avanzada conocida como dispersión de rayos X de gran angular para analizar la celulosa del lino del Sudario, desafiando la cronología establecida por la prueba de carbono 14.
El equipo comparó las muestras con lienzos del siglo I d.C. encontrados en Masada, Israel, y los datos resultaron compatibles, lo que sugería que la reliquia podría tener cerca de 2.000 años de antigüedad.
¿Cómo puede ser tan diferente el resultado? Los propios investigadores ofrecen una explicación técnica: De Caro advirtió sobre las limitaciones de los estudios anteriores, señalando que las muestras de tela suelen estar expuestas a todo tipo de contaminaciones que no se pueden eliminar por completo y que podrían haber alterado los resultados del carbono 14 de 1988.
La sangre que coincide con los Evangelios
Uno de los aspectos más estudiados del Sudario es la sangre. En 1978, un equipo de 33 científicos de distintas especialidades determinó que las manchas eran de sangre humana tipo AB, sin encontrar rastros de pintura ni sustancias químicas artificiales.
En julio de 2024, un análisis dirigido por Giulio Fanti, profesor de la Universidad de Padua, realizó un examen macroscópico y microscópico de las manchas de sangre para evaluar la dirección de los flujos y su distribución. Los resultados revelaron que las manchas son consistentes con las heridas descritas en los Evangelios, incluyendo las causadas por la corona de espinas, la flagelación y la crucifixión.
Este tipo de análisis forense coincide con lo que también documentó el Hospital Universitario de Padua en 2017: que la imagen en el sudario corresponde a una persona que murió de la misma manera que Cristo según los relatos evangélicos.
La imagen que nadie sabe cómo se formó
Más allá de la edad del tejido y del ADN, hay un enigma que ha resistido toda explicación técnica: la imagen misma. La figura frontal y dorsal de un hombre con señales de sufrimiento físico que se observa en la tela no corresponde a ninguna técnica pictórica conocida. No hay pintura. No hay tinte. No hay pigmentos. La imagen parece estar grabada en las fibras superficiales del lino de una manera que la ciencia no ha logrado replicar en laboratorio.
Un estudio reciente del diseñador brasileño Cicero Moraes, publicado en la revista Archaeometry, utilizó modelado tridimensional para analizar la formación de la imagen. Sus resultados sugirieron que la huella es más compatible con una escultura en bajorrelieve que con el contacto directo de un cuerpo humano, apuntando hacia una posible creación artística medieval.
Sin embargo, otros investigadores señalan que replicar la imagen con una escultura en bajorrelieve no explica la ausencia total de pigmentos ni la precisión anatómica de las lesiones documentadas.
El límite de la ciencia
Aquí está el nudo del problema: desde que fue manipulado y tocado por miles de personas a lo largo de los siglos, el Sudario quedó completamente contaminado, lo que hace que cualquier análisis de ADN para buscar evidencia específica de Jesús sea prácticamente inútil para ese propósito. La ciencia puede decir que la tela estuvo en Oriente Medio, que la sangre es humana tipo AB y que las manchas son consistentes con una crucifixión. Pero no puede decir de quién es la sangre.
La Iglesia Católica, por su parte, nunca ha declarado oficialmente al Sudario como una reliquia auténtica, aunque lo considera un objeto de profunda importancia simbólica para la fe. Millones de peregrinos lo han venerado a lo largo de los siglos, y continúa guardado en su vitrina climatizada en Turín, exhibiéndose públicamente en ocasiones especiales.
Este Viernes Santo, mientras el debate científico sigue abierto con un nuevo estudio recién publicado, la Sábana Santa permanece siendo lo que ha sido siempre: un misterio que la razón no logra resolver, pero que tampoco puede descartar.









