La sede social de la junta de vecinos Las Vegas Chicas, ubicada en calle Lucila Godoy del sector Rahue Alto de Osorno, ha sido asaltada tres veces desde enero de 2026. En cada ingreso, los ladrones se han llevado implementos esenciales para el funcionamiento del espacio comunitario: balones de gas de 45 kilos, loza, cocinas y otros materiales que los vecinos del sector utilizan para reuniones, velorios y actividades colectivas. El presidente de la organización, Nelson Soto Barría, hace esta denuncia ciudadana para visibilizar lo que están viviendo y exigir la respuesta que la municipalidad aún no ha dado.
Un espacio recuperado que vuelve a estar en riesgo
La sede de Las Vegas Chicas estuvo abandonada por más de dos años antes de ser reactivada por la actual directiva. Desde que retomó su funcionamiento, se convirtió en un punto de encuentro real para el barrio: se cede a los vecinos para celebraciones, duelos, actividades de organizaciones locales y talleres. Precisamente durante uno de esos talleres —uno de karate— ocurrió el primer robo en enero, cuando los delincuentes ingresaron al recinto y se llevaron materiales del grupo. Ese fue el primero de tres asaltos que se han repetido hasta la fecha.
Ante los hechos, la municipalidad de Osorno tomó contacto con la directiva y se comprometió a apoyar con medidas concretas de seguridad: reforzar puertas y ventanas, y cambiar las cerraduras del inmueble. Sin embargo, ese compromiso no se ha materializado. «Hicimos la denuncia, hablamos con el municipio, nos dijeron que nos iban a ayudar, pero hasta ahora no ha llegado nada», relató Soto Barría. En el intertanto, la sede sigue siendo vulnerable y el temor a un cuarto robo es constante entre los vecinos del sector.
Un patrón de inseguridad que afecta a organizaciones de Rahue Alto
El caso de la junta de vecinos Las Vegas Chicas no es un hecho aislado en el sector. En febrero de este mismo año, un Club del Adulto Mayor del mismo sector de Rahue Alto denunció haber sufrido cinco robos en su sede durante 2026, con un modus operandi similar: forzamiento de puertas, sustracción de implementos y daño a la infraestructura del recinto. La acumulación de hechos delictivos contra organizaciones comunitarias en esta zona de Osorno apunta a un problema de seguridad que va más allá de cada caso individual y que las organizaciones de base están enfrentando prácticamente solas.
Nelson Soto hace esta denuncia no solo para registrar los hechos ante las autoridades, sino para que la comunidad y las instituciones tomen conciencia de la situación. La sede social no es solo un inmueble: es el punto de encuentro del barrio, el lugar donde los vecinos se juntan en los momentos importantes de su vida. Cada robo no es solo una pérdida material —que en el caso de los tres asaltos incluye balones de gas de 45 kilos, loza, cocinas y otros implementos de valor para el funcionamiento cotidiano del espacio— sino también un golpe directo a la organización vecinal y a la vida comunitaria del sector.
La municipalidad de Osorno no había entregado respuesta oficial al cierre de esta nota sobre el estado del compromiso de apoyo a la sede.









